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Me despierta el olor a café. Antes de que me levante se filtra desde el vecindario. Y cuando salgo, durante la tarde, por las calles se siente ese olorcito que reanima. Y si hago alguna visita, ahí está el café.

También está el olor a tabaco, impacta. Golpea el olfato, el estómago, la salud. Y, para bien y para mal, su cultivo e industria mueven la economía de Estelí. Un día pregunté por qué tanto alboroto los viernes. Es el día de pago. Hay promociones en el comercio, incluyendo ruido. ¿Qué pasaría si se deja de producir tabaco?, ¿se acabaría la vida en Estelí?

Las fábricas están por todos lados. A veces son edificios construidos para eso, cerrados, un poco apartados. Hay también otras casas dedicadas a la industria, a la orilla de la calle. Y despiden ese olor penetrante del tabaco. Un día tuve que cruzarme a la otra acera, o más bien el olor me desplazó.

Por ello, esas noticias de “Estelí con los mejores puros del mundo” me dejan pensativa. Cómo me gustaría leer, “Estelí con el mejor café del mundo”. O con “el mejor maíz del mundo”. Claro, si su cultivo y procesamiento son amigables con el ambiente.

Una señora me dijo que hace unos años se fue para la finca, huyendo del smog y el ruido de la ciudad. Y tuvo que regresar, pues los plantíos de tabaco la tenían rodeada. Otra, relata que la vida del campo ha cambiado, que tienen trabajo gracias al tabaco. Es la opción ante el desempleo. La alternativa que está a mano, lo que importa es solucionar los problemas de hoy. Mañana ya veremos. ¿Más enfermedades y contaminación difuminadas en una ciudad pujante?

Porque, ¿cuánto gasta cada familia para contrarrestar los efectos en la salud?, ¿cuántos se retiran de la fábrica porque están enfermos? O los retiran. Y ¿cuánto gasta el gobierno en salud por efectos del tabaco?, ¿cuánto sufre la familia por la enfermedad?, o cuando mueren asfixiados, intoxicados por la nicotina, destruidos por un cáncer. Y aquí también nos acompaña el olorcito a café.

Quizás la laboriosidad, la exigencia, el cuidado. Cuando leo noticias sobre los mejores puros, me imagino esa laboriosidad, esa dedicación, aplicadas a otras industrias. Si se puede con el tabaco, ¿por qué no con otros rubros? Todo es que inversionistas, gobierno y productores, las echen todas para mejorar y diversificar, y apuesten por el ambiente saludable, y por ende, por la vida. Hace poco leía que pequeños productores de café, ante el problema de la roya, están dedicados a otros cultivos, exitosamente.

Las empresas tienen programas de Responsabilidad Social Empresarial. Si es así, podrían dedicar tierras para desintoxicar con arboledas, que al mismo tiempo produzcan agua para reponer la que consumen los grandes plantíos. Y construir edificios apropiados para afectar menos a los trabajadores y a la población. O quizás lo que para unos es bueno, para otros es malo. ¿No se podrá encontrar enlaces, puentes, coincidencias para la vida? No para evitar la muerte sino disminuir el dolor, el sufrimiento y la muerte prematura.

 

doraldinazu@gmail.com