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Mucho se está hablando de la preocupante destrucción de la vegetación, de nuestros bosques, especialmente debido, entre otras causas, a la indiscriminada tala de nuestra madera de utilidad diversa, uso de la leña para las cocinas hogareñas y aún para fines comerciales, agregándole a todo esto una pésima administración de la madera: planta destruida, no se repone debidamente.

En unas vacaciones recientes, viajé con mi esposa a Europa, visitamos la bella ciudad de París y degustamos de la excelente gastronomía de sus restaurantes. En una de esas ocasiones me encontré con un amigo nicaragüense que vive en esa “luminosa urbe” desde hace muchos años. Le comenté sobre la excelente comida francesa y él me dijo, que mejor que aquella carta, es la comida de restaurantes campestres situados en las afueras de París. Por supuesto, era obligatorio ir.

En efecto, la comida era exquisita, en grado superlativo, y así lo comentamos en varias ocasiones. Pedimos la cuenta y nos sorprendieron sus costos. Pedimos una explicación, y en buen español un funcionario del restaurante nos dijo que, en el lugar, cada elección gastronómica se cocinaba con un tipo de leña diferente. ¿En serio?

Nos explicó que eso encarecía la carta. Explicó también que los proveedores del combustible (leña) para la cocina estaban sujetos a un manejo administrativo del uso de la madera muy riguroso, a fin de que los bosques que lo proporcionaban no sufran tanto.

Parecida experiencia tuvimos en la ciudad de Madrid, no menos bella capital de España. Allí, alguien nos aconsejó que si queríamos degustar un filete de cordero asado de gusto celestial, fuéramos al “Sobrino del Botín”, un restaurante situado a poca distancia de la Plaza Mayor.

Fuimos y comimos. Las chuletas de cordero alcanzaban su punto sobre leña o al carbón, en la misma cocina que antes usaban unos monjes del local que entonces, en el siglo XVI, funcionó como convento.

En Nicaragua son muchos los restaurantes que preparan comida utilizando para ello leña como combustible. Solo que pocos se preguntan sobre el origen de esa madera, que a veces viene de bosques “martirizados” con despales sin control.

Es de apuntar, que una vianda de cualquier cocinada con gas o electricidad no es comparable con el sabor de una deliciosa cocinada con leña o carbón. Pero si no se usa racionalmente el recurso madera, un día una carne asada como la que nos ofrecen en cada fin de semana estos locales, será tan distante como lo es ahora para mí la comida parisiense: un buen recuerdo.

 

(*) Abogado y Notario Público