Jorge Eduardo Arellano
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Hoy en día hay encuestas para todo. Si usted quiere indagar sobre el posicionamiento de un producto en el mercado, preguntar acerca de qué aceptación tendría un producto nuevo, o el nivel de satisfacción respecto de un determinado servicio, puede recurrir al método de la encuesta como instrumento de investigación.

Los resultados de la encuesta nos informan y aconsejan acerca de los aspectos que deben fortalecerse y las oportunidades que pueden potenciarse y aprovecharse. Pero las encuestas más conocidas, quizá por controversiales, son las encuestas electorales. En este ámbito también hay un abanico de posibilidades: algunas son de carácter interno, es un mero instrumento de trabajo que los partidos políticos levantan con sus propios simpatizantes; otras se contratan con la idea de que se den a conocer, sobre todo cuando un partido político quiere mostrar sus fortalezas.

A veces se contrata una firma especializada, otras veces se confía en los resultados presentados por instituciones independientes.

La encuesta recientemente publicada por la UCA se inscribe dentro de esta última caracterización: no fue realizada a solicitud de ningún partido político, ni diseñada para beneficiar a un sector determinado.

Al igual que la que esta misma Universidad publicó en el año 2006, la del 22 de octubre de este año ha sido, de entre todas, la más controversial; quizá por la propia naturaleza y credibilidad de la institución que la realizó.

El antes y el después de esta encuesta se manifiesta de forma diferente a lo que podría haber ocurrido si el levantamiento y procesamiento de la misma se encargara a una firma contratada para ello. Es la sensación que me queda después de las más de cien llamadas que sobre el tema he recibido en los últimos diez días.

Durante el levantamiento de la encuesta te encuentras personas que te “aconsejan” acerca de los barrios, comarcas y comunidades que deberías visitar: “Es mejor ir a Jardines de Veracruz que a la Colonia Centroamérica”; “Cuando vayan a Matagalpa no se olviden del barrio Totolate”; “En Boaco es importante la zona semirural”. Pareciera ser que en la mente de estas personas se trataba de una investigación improvisada que perfectamente podía cambiar de dirección según sean sus consejos: primera equivocación.

Una vez que has recogido la muestra y te dispones a procesar los datos es cuando comienzan las llamadas. Como no fue contratada por nadie, todo el mundo se siente con derecho a conocer los resultados de antemano, algunos incluso llegan a prometérselos como primicia a la dirigencia de su partido.

La cuestión llega a ser tal, que se atreven a decir que si no las proporcionas es porque estás escondiendo algo. No debe desconocerse que todos en Nicaragua, incluso los que procesan los resultados de una encuesta, tenemos preferencias partidarias. Ello no debe necesariamente conducirnos a pensar que los involucrados pondrán sus preferencias partidarias por encima de su deber profesional, un actuar de estas características no te hace confiable ni siquiera para el propio partido al que pretendes beneficiar. Pensar que las cosas se deben acomodar constituye una segunda equivocación.

Una vez publicados los resultados es cuando comienzan las más crudas reacciones: en el teléfono hay hasta llamadas en espera. Un político liberal llamó diciendo que a él le parecía bien en general. “Creo, sin embargo, que en Chinandega el margen debería ser mayor”. Un diputado del Frente Sandinista me comentó: “Conforme la encuesta de la UCA el Frente sale muy bien en algunas cabeceras departamentales, pero en el caso de Managua los números no me cuadran”, según “nuestras encuestas internas Managua la ganamos con el 57%”.

Los números son los que son, respondí. Aunque resulte trillado no debemos perder de vista que una encuesta nos revela un estado de situación en un momento concreto. En el caso de Chinandega, de los 1,122 ciudadanos encuestados el 4 de octubre, el 41% dijo que tenía la intención de votar por el PLC, mientras el 32% de esos ciudadanos dijo que tenía intención de votar por el FSLN. En el caso de Managua, de los 3,254 ciudadanos encuestados, la mitad de ellos dijo que votaría por el PLC, mientras el 40% dijo que votaría por el FSLN.

A partir de las realidades reveladas por la encuesta, los partidos políticos debían buscar qué hacer. Podían perfectamente decir que las cosas son distintas, que los resultados de la encuesta están malos en tanto no coinciden con los que levantan y procesan sus propios simpatizantes; que una firma encuestadora les dice justamente lo contrario y que, por tanto, no hay nada que comentar; se trata de una encuesta más.

Otra postura, teniendo aún el tiempo suficiente, es la de reencausar las estrategias de campaña, reconsiderar los grupos meta, aumentar el número de visitas, caravanas, colaboradores, etc. La postura derrotista de considerar que los resultados de una encuesta son ya los resultados de la elección sería la tercera equivocación.

La cuarta equivocación resulta de confundir el mensaje con el mensajero. Ocurrió en el año 2006 y volvió a ocurrir ahora. Toda encuesta realizada por una institución seria, y la UCA es una de ellas, revela las fortalezas y debilidades en cuanto a intención de voto respecto de un partido político. El mensaje es valorado como “bueno” en aquella parte en la que se muestra al partido como ganador: “el partido es fuerte, el partido está haciendo bien las cosas”. El mensaje es valorado como “malo”, cuando lo que evidencia es que existen posibilidades de que los que ganen sean los otros. En estos casos el mensajero, es decir, las personas que trabajan en la encuesta y la institución que la realiza, son malos por traer mensajes malos. En el año 2006, como por arte de magia nos convertimos en sandinistas, orteguistas, seguridad del Estado y todo lo que se les ocurra. En el año 2008, pasamos de eso a convertimos en manipuladores, vendidos, oligarcas e imperialistas.

De repente, por causas aún desconocidas, aparecen personas que te critican, la mayoría de ellas sin competencia profesional ni asidero moral. Emisarios oficiosos, personas que se ofrecen para llevar un mensaje que nadie les ha pedido, los correveidiles de todos los tiempos. Pero la cuestión más profunda es que hay algunos que llegan al extremo de reclamarte, como un deber partidario, la publicación de una mentira: “debieron maquillar los números”, fue lo que expresaron algunos.

La moraleja de todo esto es que lo único productivo sólo puede ser aquello que se construye sobre la base de la verdad, el resto el tiempo nos lo dirá.

*Profesor de derecho penal, UCA.

Doctor en derecho Penal por la Universidad de Alcalá, España.