•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El proceso de educación se ha convertido en un constante venir y devenir sobre qué elementos se deben tomar en cuenta al momento de guiar las potencialidades del conocimiento.

La educación históricamente hablando, para muchos consta de tres elementos fundamentales, que son: “los estudiantes, la administración y los profesores”. Pero frente a todos los recursos que nos ofrece este siglo XXI, como es la circulación y el almacenamiento de la información, entonces el planteamiento es otro, y la situación se torna aún más delicada porque los elementos de la educación, deben de saberse manejar en las corrientes de información efímeras que invaden los espacios públicos y privados. Entonces, la educación se vuelve una nave inmersa en una agitación perpetua y, al mismo tiempo, en una brújula que nos orienta por donde navegar.

En este futuro, la educación debe estructurarse en cuatro elementos fundamentales: aprender a conocer y a conocernos, es decir, hacer una amalgama de los instrumentos de la comprensión del aprendizaje y de aceptar la perspectiva de cada individuo dependiendo de su entorno. Aprender a hacer, para influir en el entorno en que nos desenvolvemos. Aprender a vivir juntos, esta es una de las principales misiones de la educación y la mas difícil, sobre todo frente al grado de violencia que hay en nuestro entorno, que nubla la esperanza de muchos.

Y, por último, aprender a ser. Se trata de ser integrales en donde convergen los elementos que he señalado anteriormente como fundamentales en los procesos de educación. Debemos de aprender a ser seres en cuerpo, alma, mente, libres, inteligentes, con sentido, sensibilidad, ética, principios, valores, compromiso, responsabilidades individual y espiritual.

Porque no es suficiente, no basta con que cada individuo acumule tanto conocimiento que aguarda, lo importante es cómo va a poder y saber utilizarlo sin límites, y de estar en las condiciones de saber aprovechar cada oportunidad que se le presente en la vida. Debe aprender a maximizar ese conocimiento, para adaptarse a un mundo de permanente cambio, pues el educador no solo educa para formar profesionales, sino para enfrentar la vida misma.