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En 2007 se desarrolló el primer cromosoma artificial de una bacteria. 2010, Science publica con bombo y platillo el éxito pionero de Craig Venter. Logra incorporar el genoma sintetizado de una bacteria a otra: Mycoplasma micoides dentro del M. capricolum. Venter lo describe así: “la primera especie… cuyo progenitor es una computadora”. No es robot ni máquina biológica, es vida artificial creada in vitro, proveniente de productos bioquímicos (abióticos) y sus materiales componentes.

Recrear la vida a partir de sustancias no vivientes ha sido el sueño dorado de la ciencia. 2014, Jef Boeke, de New York University, logró reemplazar los genes en el cromosoma original del Saccharomyces cerevisiae —levadura de cerveza— con versiones sintéticas. El cromosoma fabricado por el hombre —genoma sustituto trazado desde 1996— se integró en una célula de levadura: ahora eucariota y resistente a las mutaciones, manipulada a través de síntesis genética.

Estalló la euforia científica. Las cuentas de la lechera conjeturan incontables favores que el ingenio permita, hasta crear versiones corregidas de todas las materias primas en que participe este catalizador cervecero: nuevos antibióticos, vacunas, licores o biocombustibles amables con el medioambiente. El reloj de la biología sintética trasladándose de la teoría a la realidad.

Pese a estas futuras aplicaciones que mitigarían un poco la deuda ecológica del hombre ante una naturaleza maltratada por gases antropogénicos de efecto invernadero; solo parece un paso más después de la exagerada victoria de Venter. Equivale a copiar una obra de arte con incipientes pinceladas humanas usando tonos y pigmentos surgidos de un universo en expansión. ¿Creado por quién?

Ante este hecho, “crear vida artificial” parece ser una expresión arrogante del ser humano. Desde un punto de vista tecnocientífico, es meritorio, en realidad, no está creando vida artificial. Sucede que se manipula la vida ya existente. Se utiliza vida creada de la nada ontológica. Ni siquiera de elementos básicos de la tabla periódica en estado primitivo, sino de bases nitrogenadas y células formadas a quienes se les extrae su ADN para ser transferido por la mano del aprendiz de mago.

¿Y quién creó el cromosoma de la levadura? No lo extrajeron de la nada, fue copiado de lo creado. Son variaciones de un concierto cósmico cuyo autor no ha soltado la batuta, apenas le han plagiado algunas partituras. Otra cosa es “crear vida ex nihilo”, infundiendo leyes químicas para ser renovadas siempre, siguiendo el patrón (ADN) de sus antecesores. Así la ciencia niega a Dios y se arroga el atributo de ser como Dios. Solo que él crea la vida, el hombre solo la transforma.