Jorge Eduardo Arellano
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Cuando el terremoto de Managua en 1972, uno de los primeros países en venir con ayuda fue Cuba. Desde hace varios años, en especial la década de 1980, el pueblo nicaragüense recibe diversas formas de cooperación, sobre todo en el campo de la educación y la salud. La generosidad cubana tiene el gran mérito de compartir y no dar lo que le sobra.

A pesar del criminal bloque del imperialismo norteamericano, la revolución cubana ha desarrollado altos niveles de solidaridad internacionalista. Los conceptos de dignidad trascienden las limitaciones materiales, manteniendo los principios éticos y morales, altos niveles organizativos, confianza en los dirigentes en la conducción del Estado.

Cuba es ejemplo en muchos aspectos. Ha pasado por pruebas de origen externo como ningún país en Latinoamérica. Las agresiones han fortalecido las convicciones revolucionarias. Los ataques llegan hasta las calumnias y las mentiras, sin reconocer que las peores violaciones a los derechos humanos se cometen en la base militar norteamericana de Guantánamo, un ultraje a la soberanía territorial de Cuba.

Ahora, el desastre natural provocado por los huracanes Gustav e Ike, demuestra en medio de la tragedia los niveles organizativos del pueblo cubano, las medidas atinadas y justas del gobierno. Aún entre los escombros, Cuba nos da un ejemplo más de dignidad, solidaridad y disciplina revolucionaria.

Del 30 de agosto al 9 de septiembre, Cuba fue azotada por los fenómenos meteorológicos más devastadores en toda su historia. La trayectoria de los dos huracanes afectó casi toda la isla. El impacto fue tan grande que recibieron protección 3 millones 179 mil 846 personas. Medio millón fueron albergadas en centros de evacuación.

Los daños se valoran en más de 5 mil millones de dólares. Más de 444 mil viviendas resultaron afectadas, 63 mil 249 completamente destruidas en las que habitaban 200 mil personas. La destrucción fue grande en el sistema de energía eléctrica que en la Isla de la Juventud el 100% de las líneas eléctricas fueron dañadas.

Miles de hectáreas se perdieron cultivadas con caña, plátano, tabaco, viandas, frutas, vegetales, arroz, frijoles, café. Más de 4 mil toneladas de alimentos que estaban embodegados resultaron afectados. La avicultura sufrió pérdidas de medio millón de aves. En el campo de la salud tuvieron daño 314 instalaciones, entre ellas 26 hospitales, 18 policlínicos, 191 consultorios, catorce hogares de ancianos y casa de abuelos, 42 farmacias.

El área educativa tuvo destrucción parcial o total en 2 mil 642 instalaciones, 186 niveles infantiles, varios institutos pedagógicos, 146 instituciones culturales, 82 instalaciones deportivas, seis Escuelas de Iniciación Deportiva (EIDE), trece Escuelas de Perfeccionamiento Atlético.

A pesar de los dos huracanes, durante los días 30 de agosto y 9 de septiembre, según el informe del Sistema de Defensa Civil de Cuba, sólo hubo que lamentar la muerte de siete personas, más que todo a consecuencia de no observar las medidas orientadas para proteger la vida de los ciudadanos.

En nuestros países los desastres naturales son la oportunidad para especular en contra de los sectores pobres, muchos de los cuales viven como permanentes damnificados.

Donaciones y ayuda para las víctimas de los desastres se han convertido en lujosas residencias a la orilla del mar. A la tragedia natural se une la tragedia humana a base de corrupción.

Las medidas tomadas por el gobierno cubano han sido acordes con el impacto del desastre. Son dramáticas las fotos de los mercados desabastecidos, sin embargo, se ha controlado el agiotismo, el mercado negro; se ha recibido la ayuda internacional dentro del marco de la dignidad y el respeto a los principios de la revolución. La mayor solidaridad ha sido entre la misma población cubana, compartiendo techo y pan.

Sobre esta situación expresó el comandante Fidel Castro: “Vendrá ahora el análisis de los factores objetivos, el uso racional y óptimo de los recursos materiales y humanos; qué debe hacerse en cada lugar concreto, dónde debe o no invertirse; qué hacer con cada centavo. Responder a cada pregunta de lo que debe hacerse en situaciones de emergencia y en circunstancias de normalidad en que todo vuelve a su cauce, agua y aire, y la vida normal de niños, adolescentes y adultos sigue adelante, preparados siempre para luchar y vencer sin desanimarnos jamás ante las adversidades de hoy o de mañana”.

Ironías de la historia. Al presidente norteamericano, Dwight Eisenhower, le decían: “Ike”. Autorizó a la CIA para iniciar el proyecto de invasión a Cuba que después aprobó John F. Kennedy. Así como fue derrotado el imperialismo norteamericano en Playa Girón, las consecuencias de este “Ike” serán superadas por la disciplina, organización, convicción revolucionaria del gobierno y pueblo de Cuba. Un ejemplo para los demás pueblos del mundo.