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La alarmante noticia publicada por importantes medios de comunicación, producto de los recientes sismos sentidos por la mayoría de los habitantes de la extensa zona del Pacífico de nuestro país, ha motivado y con razón, al Gobierno, a impulsar una campaña de concientización, para estar preparados de cierta manera ante una catastrófica eventualidad, más o menos similar a las que en el pasado, sufrió nuestro pueblo, lo que es preocupante para casi la generalidad.

 

Es cierto que preocuparse y sobre todo cuando hay amenazas latentes, de índoles diversas, es muy propio de casi todos, lo que al dejarse dominar por ella, produce confusión e inactividad. Por ello, siempre es conveniente quitar tal prefijo; y ocuparse más bien, en prepararse espiritual y materialmente, para poder con la ayuda de Dios, tener el debido coraje de hacer frente a la situación que se presente; sabiendo por la gracia de la fe, que hay que confiar en su misericordia.

 

En un pasaje de las Sagradas Escrituras, está el relato de cuando el profeta Jonás, fue enviado por el altísimo a anunciar a la ciudad de Nínive, que estaba quizá tan corrupta como muchos de nuestros pueblos, que sería destruida en 40 días; y Jonás, después de un singular acontecimiento, recorriendo la ciudad, proclamó su amenazador mensaje, el que despertó la conciencia del pueblo, que penitente pidió perdón; y él, por su infinita misericordia lo perdonó.

 

Debe ser bien sabido, que nuestro tránsito por la existencia, personal y de la humanidad entera, tiene para todos y cada uno, un tiempo determinado; cuyo término decide el Supremo Creador, dueño de todo lo que existe; y que, tales siniestros y trágicos augurios, no se evitan alarmándose, pero sí es bueno, prepararse debidamente tratando de estar lo más cerca posible del Señor Jesús y acatando su voluntad, poner en sus manos nuestro destino.

 

Él, que todo lo puede, conociendo nuestra situación personal, sabe lo más conveniente para todos y cada uno, y qué es lo que necesitamos. Por su infinito amor, siendo Dios, decidió hacerse hombre, por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre purísimo de la virgen María y a su debido tiempo, siendo Dios y hombre, quiso someterse al cruento martirio de la cruz, ofreciéndose como holocausto al Dios trino y uno, y nos redimió dándonos la salvación.

 

La santa iglesia Católica con su doctrina cristiana, conmemora el sublime sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, con cuarenta días de penitencia, que se ha definido como La Cuaresma; y quienes tratan de vivir la fe cristiana como él ha querido, lo hacen a medida de sus posibilidades y sobre todo de su fe, la que debe estar latente en la circunstancia que se presente, sea en el trabajo, en el descanso, en la diversión, el balneario y sobre todo en la tribulación.

 

Él, si le buscamos, en todas partes está y siempre presto a ayudarnos. Aun cuando nos hayamos apartado por nuestras culpas. Su misericordia es tal, que siempre está a la espera de que arrepentidos volvamos, dándonos en el tiempo la oportunidad de volver, así como lo hizo con Dimas, habiendo sido ya crucificado; y sin otra razón más que para redimirnos. Busquémosle, no perdamos dicha valiosa y quizá única oportunidad.