Augusto Zamora R.*
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Es, sin discusión, el deporte reinante en el mundo, por encima de cualquier diferencia étnica, cultural, educativa, política o filosófica. Fenómeno mundial formidable, único.

Decía el maestro Galeano que una persona puede cambiar de nacionalidad, de ciudad, de nombre, de marido, de mujer, pero que nunca va a cambiar de equipo de fútbol.

Los grandes equipos --Real Madrid, Barcelona, Bayern, Juventus...-- tienen seguidores en todo el mundo. Sus camisetas, originales o imitadas, se venden por decenas de millones.

Es el único deporte que se juega con los pies y reglas simples. Para jugar basta una pelota de trapo, cuero, goma, papel, hojas, cuerdas... Tal vez esos elementos estén en la base del furor que causa. También su similitud con los antiguos juegos de gladiadores.

Dos grupos enfrentados en lucha casi cuerpo a cuerpo, con trampas, técnicas, fuerza, velocidad, astucia... con un premio que hace rugir y llorar a multitudes: el gol.

Es juego de equipo, donde los individuos valen, pero si logran insertarse en el juego común. A diferencia del béisbol, donde prima lo individual sobre la fuerza del grupo.

A Nicaragua, el fútbol ha llegado con décadas de atraso, presos como estábamos de la herencia de las ocupaciones estadounidenses que es el béisbol, deporte caro, complejo, en retroceso, incapaz de aportar la magia que rodea al fútbol.

El madridista estadio Santiago Bernabéu es el sitio más visitado de Madrid. Por encima del Museo del Prado. Me sorprendió saberlo. Hoy ya no.

 

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