Jorge Eduardo Arellano
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No pocas veces en nombre de los sueños más hermosos de la Humanidad se han cometido las peores barbaries, como ocurrió durante la construcción del socialismo, especialmente en el período de José Stalin, bajo cuyo poderoso y perverso brazo de hierro y fuego cayeron sin misericordia cientos de miles de personas del heroico pueblo ruso. Muchos murieron en las cárceles y muchos más en los campos de concentración en la Siberia temible y hostil. Otros fueron fusilados tras juicios políticos que no pretendían justicia, sino condenar a quienes el estalinismo percibía como una amenaza, como ocurrió con Nicolás Bujarin, a quien primero lo difamaron para desacreditarlo, luego lo encarcelaron y después lo ejecutaron, cuando tenía cincuenta años.

Algunos críticos han calificado de “estalinista” al gobierno del comandante Daniel Ortega y de su esposa Rosario Murillo, por algunas similitudes, entre ellas: campañas de difamación para descalificar y desacreditar; acusaciones no muy claras o antojadizas; y procesos y juicios en instancias subordinadas que no responden a la ley sino a los designios de los gobernantes. Nicolás Bujarin enfrentó a Stalin, cuestionó sus métodos autoritarios y sangrientos, la falta de democracia interna en el Partido Bolchevique y la ausencia de legalidad democrática en la sociedad soviética. Por eso Stalin lo asesinó.

Pareciera que todo está dicho ya, y por tanto, lo nuevo, no lo es, sólo en apariencia, porque es algo que ya ocurrió, sólo que se repite. Pareciera que está muy claro que es imposible construir un proyecto social sin un mínimo de consenso, sin tomar en cuenta a los demás. Pareciera que no se puede avanzar sin una combinación armoniosa de justicia social y libertad, y que si faltara una de las dos, surge de nuevo el conflicto. Y digo que pareciera porque en Nicaragua, por un lado se pretende imponer un proyecto unilateral, marginador y excluyente; y por otro, se impulsan obras de justicia social, pero se menoscaba la libertad, una delicada y sublime esfera que todavía no da muestras de conocer, y menos de entender, el pequeño grupo denominado “estalinista” que controla al FSLN.

Bujarin pasó por el mismo tipo de “galería de la infamia” construida en Canal 4 y Radio Ya para difamar a los hermanos Carlos y Luis Mejía Godoy, a Ernesto Cardenal, Manuel Guillén, Luis Enrique Calderón, Jaime Arellano, Jaime Chamorro, Carlos Fernando Chamorro, Edgard Tijerino y Sofía Montenegro. A Bujarin le tocó ser difamado desde los diarios Pravda e Izvestia, que él había dirigido. El mecanismo es el mismo: disminuir a la persona, reducirla, quitarle cualquier mérito hasta que esté casi desprovista de su condición humana, rebajada a una cosa, con lo cual se facilitará su descrédito y sobre esa base, hacer llover acusaciones; luego vendrán los juicios políticos expresamente fabricados, como los delitos, para condenar.

Desde los diecisiete años Nicolás Bujarin se involucró en la lucha por un nuevo y justo sistema socio-económico, cuando participó activamente en el movimiento estudiantil de la Universidad de Moscú, durante la revolución anti-zarista de 1905. Y desde 1906 se integró al memorable Partido Bolchevique que once años después dirigiría la toma del poder por parte del proletariado. Fue miembro del Comité Central del Partido Bolchevique e integrante suplente del Politburó, una vez el partido en el poder.

Vladimir Ilich Lenin, el excepcional dirigente político que en 1917 guió a las empobrecidas masas rusas a la inédita toma del poder en nombre de los obreros y los campesinos pobres e inició la construcción del primer Estado socialista del mundo, lanzó una crítica brutal contra Bujarin, aunque primero dijo que éste “no es sólo el teórico más valioso y destacado del Partido, sino que además es considerado, merecidamente, el preferido de todo el partido”. Pero después hizo que se abrieran de par en par los cielos y vomitaran todos sus rayos contra Nicolás, cuando agregó: “Sin embargo, sus conceptos teóricos sólo pueden ser considerados, desde todos los puntos de vista, marxistas con la mayor reserva, porque hay en él algo de escolástico, no ha estudiado nunca y pienso que jamás ha entendido del todo la dialéctica”. Curiosamente, tras la muerte del Jefe de la revolución bolchevique, fue Bujarin quien reivindicó apasionadamente las últimas tesis que Lenin había planteado.

Quizás por la purga que sufrió por parte de Stalin, la obra de Nicolás Bujarin haya pasado casi desapercibida por muchas décadas, aunque hay quienes consideran que no tuvo una gran producción teórica, pese a que escribió la economía mundial y el imperialismo, así como el ABC del Comunismo, para la formación de cuadros comunistas, Teoría del Materialismo Histórico, Ensayo popular de sociología marxista, e hizo aportes sorprendentes a la Nueva Política Económica (NEP), sobre todo en el sentido de reivindicar el mercado para la construcción del socialismo, algo que, posteriormente, desde la experiencia revolucionaria tropical, sería rechazado con dureza en Cuba por Ernesto “Che” Guevara, pero que décadas más tarde, reivindicarían en la práctica China continental y Vietnam, con extraordinarios resultados de crecimiento económico sostenido. Y en La Habana se comenta por todos lados que Raúl Castro pretende replicar este modelo en la isla.

En 1927 se agudizaron las contradicciones en el Partido Comunista o Bolchevique. La mayoría del Politburó era encabezada por Stalin, y el ala minoritaria, pero con fuerza, la dirigía Bujarin con su inédito planteamiento quizás no desarrollado, de utilizar el mercado para la construcción del socialismo. Nicolás era miembro del Politburó, tenía gran influencia en el Comité Central, presidía la Internacional Comunista y controlaba el diario Pravda. Pero Stalin logró reducirlo y aplastarlo. En 1930, el poder de Stalin era absoluto, los congresos del partido no se realizaban, la dirigencia inicial bolchevique, los miembros del Comité Central, iba siendo excluida o exterminada. En 1937 Bujarin fue arrestado y acusado de fraguar un golpe de Estado. En marzo de 1938 fue procesado en el injusto y brutal “Juicio de los 21”, y ese mismo año ejecutado. No fue rehabilitado sino hasta en 1988 durante el gobierno de Mijaíl Gorbachov.

El manuscrito de una novela autobiográfica que Nicolás Bujarin escribió en prisión mientras aguardaba su fusilamiento y que tituló Cómo empezó todo, permaneció confiscado durante setenta años en los archivos de la KGB, y no fue publicado en castellano sino hasta en enero del año pasado. Es extraordinario este testimonio sobre la política y la vida rusa del siglo XIX y XX escrita por uno de los grandes protagonistas de la revolución bolchevique. Su vida, su familia, su memoria y su obra, todo, absolutamente todo lo perdió Bujarin a manos de Stalin.

En su “Carta a las generaciones futuras”, Nicolás Bujarin caracteriza al régimen estalinista: “Abandono la vida. Al inclinar la cabeza, no lo hago ante el hacha proletaria, que debe ser implacable, pero pura. Siento mi impotencia ante la máquina infernal que, recurriendo sin duda a métodos medievales, dispone de una fuerza titánica, fabrica calumnias organizadas desvergonzadamente y con seguridad”.

*Editor de la Revista Medios y Mensajes.

gocd56@hotmail.com