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Son numerosas. Algunas de ellas características de Nicaragua, como veremos más adelante. Empezaremos por definir el término judío. Hace cuatro mil años, a los habitantes de Judea se les llamó así. Esta región, enmarcada en el Oriente Medio, forma parte del actual Estado de Israel. Su ciudad principal Jerusalén, es considerada Santa por nuestras tres grandes religiones monoteístas, la judía, cristiana y la islámica.

 

Además, se es judío por linaje, por practicar la religión judía o judaísmo, por identificación cultural e histórica, o por libre conversión a la referida religión. No es una raza, que pueda ser identificada científicamente. Hay judíos en todas las etnias. En todo caso, es más un asunto de fe, que cualquier otro parámetro.

 

Su dispersión por el mundo estuvo sujeta a diversas causas, de ellas, guerras, inquietudes entre las iniciales doce tribus de Israel, persecuciones religiosas, búsqueda de mejores condiciones de vida y otras más fuertes, violentas. A Nicaragua, llegaron desde la época colonial, a pesar de su expulsión de la ahora España, efectuada por los Reyes Católicos justamente en 1492. Estos, posiblemente eran judíos “conversos” al cristianismo.

 

Los expatriados, Sefardistas, Sefaradíes o Sefardíes, oriundos de Sefarad, nombre milenario antiguo judío de la Península Ibérica, y adosados a la tribu de Benjamín, emigraron al sur de Francia, territorios africanos como Marruecos, Argel, y en gran cantidad al Imperio Otomano incluyendo Grecia. Hoy, continúan llamándoseles así sin importar dónde nacieron, pero orgullosos del legado cultural dejado y de su idioma, ladino, una variante del Castellano.

 

Después de quinientos y tantos años, en un acto de mea culpa, el Estado español ha promulgado hace nada, fines de febrero del 2014, una nueva ordenanza de restituir la ciudadanía española a todos los Sefardíes expulsados. Y ha publicado una larga lista de las familias con derecho a la restitución ciudadana. Hay muchas que ahora son nicas, entre ellas, unas cuántas indicativas en nuestra región, aun sin los acentos ortográficos.

A continuación algunas: Agüero, Altamirano, Alvares (z), Alvarado, Arana, Arellano, Aguirre, Barrios, Baca, Burgos, Bravo, Briones, Baez, Cabrera, Cardenas, Calderon, Cardenal, Coronel, Cordova, Chamorro, Chaves (z), Delgado, Davila, Enriques (z), Escoto, Escobar, Fonseca, Fuentes, Garzon, Guerra, Huete, Hurtado, Leal, Lara, Lescano, Leiva, Machado, Marin, Medina, Molina, Montoya, Morales, Navas, Ochoa, Osorio, Pereira, Ponce, Rivas, Rojas, Roman, Salinas, Salazar, Sarabia, Sandoval, Sequeira, Talavera, Telles (z), Treminio, Ulmanzor, Urcuyo, Urbina, Vargas, Valle, Vigil, Zelaya, Zúniga, Zaldívar.

 

Por cierto todos los apellidos nuestros terminados en “ez”, también están allí. ¿Sorprendidos?