Jorge Eduardo Arellano
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Alguien me decía que todo mundo lanza diatribas contra el neoliberalismo, pero nadie demuestra con contundencia por qué el modelo neoliberal es “malo”. Y, como los resultados empíricos medidos en términos de crecimiento, empleo y profundización de la pobreza no parecen convencer, me enfocaré en tres argumentos lo suficientemente sólidos para demostrar que el modelo no funciona.

En primer lugar, el marco teórico del modelo neoliberal se pone a prueba, según sus principales mentores, a través de sus “predicciones”.

Popper, en una conferencia dictada en 1956, afirmó que la teoría económica neoliberal ya había recomendado políticas económicas que resolverían males como el desempleo masivo, la pobreza, la discriminación racial y religiosa, la falta de oportunidades y las diferencias rígidas entre clases.

Pero la realidad evidencia todo lo contrario mostrando que las expectativas de Popper y, estrictamente hablando de la teoría económica neoliberal, han quedado refutadas. Hayek, a su vez, proclamó que el neoliberalismo es “maravillosamente eficiente y exitoso”, el “mejor sistema económico conocido”.

No obstante, las evidencias prueban de manera irrefutable que nunca en la historia el horizonte, cuya supervivencia se celebra (los modelos del mundo capitalista y liberal), han sido tan sombrío y amenazador.

Hay una plaga del orden del nuevo mundo que consiste de las siguientes desastrosas realidades:
1- Exclusión masiva de ciudadanos sin techo, privados de toda participación en la vida de los Estados, la deportación de personas, etc.

2- La incapacidad para dominar las contradicciones en el concepto, las normas, y la realidad del mercado liberal.

3- La multiplicación de las guerras étnicas.

4- El tráfico de armas y la guerra como mecanismos para manejar el ciclo económico.

En resumen, nunca la violencia, la exclusión, las hambrunas, y, en consecuencia la opresión económica, ha afectado tantos seres humanos, por lo que ningún progreso nos hace olvidar que nunca, en términos absolutos, sobre la tierra tantos hombres, mujeres y niños han sido subyugados, conducidos al hambre o al exterminio masivo. Por lo tanto, las predicciones de Popper, Hayek, Friedman, repetidas a viva voz de que el neoliberalismo conduce al desarrollo, es una falacia flagrante y peligrosa.

En segundo lugar, el neoliberalismo se pone a prueba por “su carácter “acientífico”.

A este respecto Hayek cree, igual que Popper, que toda buena teoría científica está constituida por un conjunto de hipótesis deductivamente sistematizadas, ninguna de las cuales puede exhibirse como definitivamente cierta constituyendo un sistema hipotético-deductivo.

Estos sistemas hipotéticos-deductivos son empíricos, es decir, describen, predicen y explican lo que sucede en el ámbito de las ciencias económicas a cerca del cual pretenden informar y, como consecuencia deben de ser aceptados o rechazados de acuerdo a la claridad con que sean capaces de explicar la realidad de ese mundo.

Ahora bien, cuando los planteamientos hipotéticos chocan con la realidad deben de ser rechazados. Un aspecto importante que rechaza la validez de la tesis Hayekiana es el criterio de corto y largo plazo. Por ejemplo, en la mayoría de los países donde se ha aplicado la ortodoxia neoliberal las predicciones han fallado.

Se ha dicho que las políticas neoliberales darían resultado en el largo plazo, sin embargo, el criterio de largo plazo para los neoliberales remite el problema ad infinitud, porque cuando se pregunta: ¿cuál es el largo plazo? ¿por qué al implementar una política fracasa la hipótesis?... debe ser rechazada. Sin embargo, para los neoliberales nunca el largo plazo es lo suficientemente grande para poder decir: esta hipótesis ha quedado liquidada. Siempre habrá una razón para no rechazarla bajo subterfugios anticientíficos.

En tercer lugar, el carácter científico de un modelo también puede explicarse a partir de la capacidad que dicho modelo tenga para dar repuestas a los problemas que él mismo presenta. Por ejemplo, la crisis mundial actual tiene origen liberal: por los desenfrenos y la incapacidad del mercado de corregir sus propias fallas, habría que esperar repuestas de libre mercado a problemas generados por el libre mercado, pero no repuestas Keynesianas para resolver un problema del mercado.

Si tomamos en consideración que se ha magnificado el papel del libre mercado y se ha condenado al Estado interventor porque sólo problemas genera, yo me pregunto: ¿por qué el Estado, usando principios keynesianos, viene a garantizar la sobrevivencia de libre mercado? ¡¿Acaso el sistema de libre mercado no tiene sus propios mecanismos de regulación automática para preservarse a sí mismo! ¿Por qué los apologistas del neoliberalismo aplauden medidas Keynesianas para preservar su libre mercado? ¿Por qué no usan como arma los supuestos mercados eficientes para corregir las fallas de sus mercados eficientes? “Son preguntas para aquellos que son partidarios de un sistema que ‘chorrea sangre’ por los poros”.

*Economista-investigador. Upoli.