Francisco Javier Bautista Lara
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La Centroamérica celebra 50 años desde que fueron escrituradas las casas y 54 de iniciada la urbanización (1960). La iglesia de Fátima, a cargo de los Franciscanos, ha sido espacio de convivencia comunitaria. Asumir ese nombre fue deseo de los frailes a su llegada a Matagalpa (1951), desde la expulsión de las órdenes religiosas (siglo XIX).

Los frailes en tránsito se hospedaban en la comunidad de instalaciones sin lujos, rasgos franciscanos que, Francisco, el Papa, al escoger su nombre, asumió compromiso por la simplicidad ahogada en la opulencia y la indiferencia.

Atrás de la Iglesia, la casa de los Frailes Menores (o.f.m.). La provincia de Nuestra Señora de Guadalupe (Centroamérica-Haití), tiene fraternidades en nueve parroquias nicaragüenses: en Managua (Colonia y Riguero), Matagalpa, Darío, Río Blanco, Diriamba, Juigalpa, San Rafael del Norte y Chinandega.

Varios vecinos descubrieron su vocación en Fátima, entre ellos Marvin Guillén (Juigalpa), Silvio Romero (Riguero), Edgard Sacasa (Sébaco), e Ignacio Urbina (Ciudad Darío). Hubo un sacerdote yugoslavo, Palfi; otro de Irlanda, Alfredo Olochrainn, quien en Dublín visitaba el cementerio de disidentes del Levantamiento de Pascua (1916). Un religioso bajo, generoso, llegó a Matagalpa a los 37 años (1953), estuvo en San Rafael del Norte.

Al morir (1990) fue “Siervo de Dios”. En 2002 se inició el proceso de beatificación. Su cuerpo exhumado (2006) estaba incorrupto, es Odorico D´Andrea. El postulador de la causa, Damián Muratori, estuvo en Matiguás y en Antigua Guatemala, donde descansa el santo Hno. Pedro. Julián Barni, Obispo de Matagalpa (1970), llegó de Asís a cargo de la misión franciscana, a solicitud de Mons. Calderón (1947). Carlos Santi (1982) fue Obispo de Matagalpa. Enrique Herrera, es Obispo de Jinotega (2005).

Chuno Blandón reconoce la influencia en Carlos Fonseca de los frailes de San José: “quería ser como San Antonio, ayudaba a decir misa y llegaba a escuchar música clásica junto a otros chavalos del barrio (…) curas obreros franciscanos que llegaron de Italia a trabajar con la gente pobre”.

Bernardino Forniconi, emprendedor, salió de la Orden para dedicarse a la solidaridad con Nicaragua. Mauro Iacomelli, carismático, educador. Uriel Molina, asumió el compromiso cristiano desde la opción preferencial por los pobres, en la Teología de la Liberación y la lucha sandinista. Domingo Gatti recibió informe de las apariciones en Cuapa; en sueños vio el lugar que Bernardo le describió después. Leonardo, confesor y consejero. Antonino Baccaro, menudo, de caminar ligero.

Daniel Alighieri (San Miguelito), de pocas palabras. Francisco Pastrán (1960), fue víctima de la delincuencia (2006). Roberto Fernández comparte sus reflexiones en CDNN23. Sirvieron aquí, entre otros, Gonfia, Morraz, Solís, Luis de Paz, Vásquez y Javier Lemus, actual párroco.

La cambiante comunidad franciscana, de hombres comunes de diversas latitudes, lidiando con sus debilidades, superándose y ayudando a superar a otros, esparcida en distintos lugares y épocas, influyó desde su comportamiento y mensaje, en Nicaragua y entre los vecinos; influye en nuevas generaciones con otros religiosos, buscando preservar solidaridad, fraternidad y carisma franciscano, difícil y necesario.