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En un país en el que ya nada asombra ni sorprende, al menos todavía causa una justa indignación en contra de los recientes crímenes de mascotas cometidos por personas seguramente desquiciadas, quienes en un alarde de crueldad inaudita, según se dice, utilizando una ballesta, han sacrificado varios canes en el área de Carretera Sur.

El hecho guarda similitud con algunos crímenes recientes en Estados Unidos, en los cuales los autores han confesado “que estaban aburridos” y decidieron agredir hasta la muerte a simples transeúntes o personas indefensas, por el prurito de matar, dándole cauce a energías provenientes de mentes perturbadas que se solazan en cometer atrocidades sin el menor reparo en el sufrimiento al animal mismo, mucho menos, en el lazo sentimental que lo une a un ser humano, a una familia; ya que solamente quien tiene una mascota, puede sentir verdaderamente el vínculo afectivo que se llega a experimentar. Igual de intenso que con cualquier ser querido humano.

Causa relevancia porque es un síntoma del avance de mentalidades sociópatas en nuestro país, que hoy matan a una mascota, pero seguramente terminarán asesinando a seres humanos. Por eso, es imprescindible la investigación policial.

El caso, ojalá despierte la piedad o acaso un remoto interés de la siempre atareada Policía Nacional, la cual destina con largueza y diligencia recursos valiosos a los casos que sí le antoja resolver.

Aunque se dice que tienen pistas sobre el vehículo en que se desplazan estos monstruos, es especular sobre el resultado de la supuesta investigación. Pienso, que será una anécdota más en nuestra inveterada historia como sociedad con un nivel muy depurado de sadismo.

Es importante saber que la ballesta se encuentra controlada estrictamente en diversas legislaciones (Código Penal de California 12020), siendo clasificada como un cuchillo balístico, mortífera y silenciosa, e incorporándose la mira telescópica es utilizada con frecuencia por comandos de operaciones especiales para blancos en el rango de 30 metros, cuyo dardo viaja a una velocidad aproximada de 80 metros por segundo.

Provoca verdadero estupor el hecho que esa arma letal haya sido introducida al país por alguna aduana, aparentemente sin haber pasado por un elemental control o registro de los datos del propietario, acaso un vacío de la ley, o una muestra más de nuestro olímpico desorden y yoquepierdismo.

Pienso que una forma alterna viable sobre la que podría darse con estos criminales y aplicarles el Código Penal, es hacer una investigación civil paralela, solicitando fondos en las redes sociales como una muestra de la fuerza de estas herramientas de convocatoria pública ante tan monstruoso y aberrante acto.

Gandhi afirmaba “Un país se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”. Opine usted.