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Quienes ya nacieron con un smartphone entre sus manos, tienen una fortuna potencial en sus ideas. Pensar en digital, trasladar necesidades y posibilidades del mundo real al dispositivo que ahora comparte espacio en los bolsillos del pantalón con las llaves de casa y con un puñado de monedas, es una habilidad que ya incorporan ‘de serie’ los llamados nativos digitales.

La historia de las tecnologías de la información en los últimos veinte años está cuajada de casos de multimillonarios antes de cumplir los veinte años. Larry Page y Sergey Brin, no los tenían aun cuando ya eran titulares de cuentas corrientes con más de un millón de dólares de saldo, después de crear el buscador de internet más usado en todo el planeta. Ahora, recién cumplidos los cuarenta, sus fortunas personales superan los veinte mil millones. Y aun es más meteórico el proceso de enriquecimiento de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, que aun no ha cumplido los treinta y ya cuenta también con un patrimonio similar a los de los fundadores de Google.

Zuckerberg, Page y Brin comparten además una filosofía con la anterior generación de próceres de la sabiduría digital y el código máquina, representada por Steve Jobs y Bill Gates. A pesar de las diferencias estructurales de sus compañías, que radican en que unas tienen su core business en los sistemas operativos y la fabricación de dispositivos electrónicos y las otras en el negocio de internet: ninguno de ellos quiso vender sus ideas, a pesar de recibir suculentas ofertas, como la que rechazó el padre de Facebook por la red social cuando el proyecto solo contaba con dos años de vida, y que llegó hasta los setecientos millones de dólares.

Los tiempos están cambiando. O quizá sea que los reguladores de los índices bursátiles en los que cotizan estas corporaciones deban estar alerta ante la posibilidad de que se esté volviendo a producir el fenómeno económico conocido como la “crisis de las punto com”, basado en la especulación con el valor de las empresas de base tecnológica. Los indicios aparecen casi a diario en la prensa económica, que anuncia operaciones de compra y venta de firmas tecnológicas por miles de millones: “Facebook compra Whatsapp”, o que divulga rumores que disparan el precio de las acciones de valores implicados: “Google podría comprar Twitter”.

El caso es que la concentración de capital y talento en el sector tecnológico, ha llegado ya a extremos que resultan incomprensibles para quien no se sienta en los consejos de administración de esas grandes corporaciones, en los que se deciden cuestiones estratégicas. Un ejemplo: semanas después de la compra de WhatsApp por parte de Facebook por 19,000 millones de dólares, el gigante de las redes sociales anunciaba la compra de la compañía Oculus por casi dos mil. Lo llamativo del asunto es que la empresa, fabricante de dispositivos de realidad virtual con aplicación en el mundo de los videojuegos aun no comercializa sus productos.

¿Es esto especulación o estrategia? ¿Es simplemente una acción financiada por el alza en la cotización de las acciones de Zuckerberg en el Nasdaq, al desvelar su interés por el negocio del entretenimiento en internet y la vuelta a los orígenes de las empresas tecnológicas, como es la fabricación de dispositivos? ¿Es, tal vez, una maniobra de distracción para provocar una reacción precipitada y desafortunada de los competidores en la liza por la conquista del negocio publicitario en internet?

Cualesquiera que sean las respuestas a estas preguntas, o a cualquier otra que pueda surgir, el hecho es que decenas de adolescentes nativos digitales pueden en este mismo momento estar forjando una fortuna, mientras conciben una idea en la ducha, o mientras esperan el autobús con su celular en las manos, porque es su talento lo que realmente cotiza. Y porque están dispuestos a venderlo cuanto antes, para lograr una vida regalada que coexista con la juventud para disfrutarla. Y porque no han tenido la experiencia de Page, Brin, Zuckerberg, Gates y Jobs, que vieron caer el dominó de las “punto com” por el mismo juego de especulación, cuotas de mercado y poder de influencia.

 

Twitter: @oscar_gomez