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Las acusaciones de que el papa Francisco es “marxista” se han multiplicado, sobre todo en los Estados Unidos donde la extrema derecha, como el “Tea Party”, aumenta su influencia en los círculos de poder, particularmente dentro del Partido Republicano. Esta disparatada interpretación de las enseñanzas del Santo Padre –interpretación típica de la simplista mentalidad estadounidense tan reducida para los temas sociales– rechaza o ignora los principios y valores básicos de la “Doctrina Social de la Iglesia”, que son los que precisamente predica el Papa conforme las enseñanzas de Jesucristo.

En diversas ocasiones, Francisco –sin hablar nada de marxismo– condenó la economía sin rostro humano, la falta de solidaridad social y la idolatría del dinero; denunció las desigualdades abismales entre ricos y pobres, así como la explotación de los países desarrollados a los países empobrecidos. Citando a San Juan Crisóstomo (347-407) dijo: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida; no son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”.

Estas declaraciones llevaron a Rush Limbaugh, influyente periodista de radio en Estados Unidos, muy amigo del senador republicano Marco Rubio, a calificar las declaraciones del Papa como “marxismo puro”. Por su parte, un prominente miembro del “Tea Party”, Jonathon Moseley, consideró necesario “aclarar” –criticando a Francisco– que “Jesús era capitalista” porque ensalzaba el individualismo por encima de la responsabilidad social. Así mismo, un comentarista del derechista canal Fox News, Stuart Varney, ha formulado duros ataques contra el Papa.

La Conferencia Episcopal de EE.UU. ha tenido que salir al paso saludando las declaraciones de Francisco y destacando que el Papa es “ejemplo vivo de la nueva evangelización”. El arzobispo francés Hippolyte Simon ha destacado que el Santo Padre se mantiene “fiel a la más clásica doctrina social de la Iglesia, la cual afirma que el libre mercado no basta para hacerse cargo del bien común; el Estado tiene que intervenir y participar en esta tarea”. El arzobispo Simon también recordó la célebre frase del obispo brasileño Helder Camara, quien declaró: “Cuando doy alimento a los pobres me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

Francisco está enfatizando y actualizando lo que ya la Iglesia Católica había dicho repetidamente; por ejemplo, el último Papa del siglo XIX, León XIII, había criticado las desigualdades sociales y las injusticias del capitalismo. El papa Pío XI habló del “imperialismo internacional del dinero”. Juan Pablo II denunció el “capitalismo salvaje” y reafirmó que “sobre toda propiedad privada recae una hipoteca social”. Para el vaticanista Marco Politi, considerar marxista a Francisco es “ridículo”. El Papa está “en plena sintonía con Benedicto XVI y Juan Pablo II”, estimó.

“En realidad, su denuncia de las crecientes desigualdades revela la resistencia encarnizada de quienes no aceptan que la economía y el sistema financiero tengan que adaptarse a reglas que tomen en cuenta la realidad social”.

Los ataques públicos contra el papa Francisco –de los que menciono tan solo una muestra– los iniciaron en EE.UU. políticos como Sarah Palin y periodistas como Carlos Alberto Montaner. Francisco responde: “La ideología marxista está equivocada, pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenas personas, por eso no me siento ofendido”. El Papa habla de la riqueza, de los pobres y de la justicia social conforme las enseñanzas de Jesús, lo cual es parte del corazón mismo del Evangelio. Los ataques contra Francisco se darían igualmente hoy contra el mismo Jesucristo, al cual, seguramente por eso, lo crucificarían de nuevo.