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¿Cómo fue posible dar cabida a tantos animales en el arca de Noé? ¿Por qué aceptar esas fantasías bíblicas? Son preguntas controversiales que los escépticos se hacen ante esta narración del Génesis. Aún así, lucen irrelevantes ante el auténtico mensaje de Dios para la raza humana.

¿Qué coincidencia puede existir entre este pasaje y la realidad actual? El relato bíblico deja claro que, durante los días de Noé, el planeta y sus habitantes estaban llenos de violencia, corrupción y perversidad: “Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solo el mal”. ¿Alguna vez hemos considerado que la inmoralidad, violencia e incertidumbre que vivimos en estos tiempos no es nada nuevo?

De hecho, han sido parte de la humanidad a través de la historia: guerras, depravación sexual, odio racial, genocidios… Solo que ahora esta constante crueldad se ha globalizado a tal nivel que, no es extraño, la “Biblia” señale que al caer el ser humano en desenfreno moral desencadena el recurrente juicio de Dios. En un mundo superpoblado, en decadencia ambiental con fenómenos meteorológicos impredecibles y atiborrados de armas de destrucción masiva, quizás la ira de Dios no parezca necesaria.

Somos testigos de una escalada de violencia intrafamiliar sin precedentes. El creciente acoso sexual, niños asesinos, maltrato familiar y violación contra la mujer están alcanzando proporciones epidémicas. La OMS ha considerado este fenómeno con elevados índices de morbi mortalidad: causa de muertes en féminas entre 14 y 44 años en competencia con otras destacadas patologías. A esto se le agrega la pornografía y responsabilidad de las drogas con crímenes vinculados a su abuso.

Existe un paralelismo asombroso con nuestro tiempo. Un mundo sumergido en las tinieblas de la inmoralidad relativa, donde la corrupción humana abunda en avaricia, egoísmo y cinismo moral, tanto que la injusticia corre como moneda de cambio. Gobernantes enriquecidos con el dinero sudado del ciudadano trabajador, incapaz ante el poder arbitrario. Hombres viviendo en un letargo espiritual alejado de Dios, rompiendo sus leyes, razonando con impunidad: somos dioses e intocables.

En Mateo 24:37, Cristo comparó la generación de Noé con la nuestra antes de su regreso. Cuando la maldad fue grande en la época de Noé también lo fue la respuesta: el terrible juicio de Dios con un gran diluvio. Este mundo moderno en conflicto con el Señor, parece retar el hacha del juicio de los tiempos de Noé. Ahora solo existe un arca: Jesucristo, la única oportunidad de misericordia.