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Hace 491 años, el sábado 17 de abril de 1523, tuvo lugar el tercer acontecimiento suscitado por la expedición invasora del capitán español Gil González Dávila. Mejor dicho, la resistencia bélica encabezada por el cacique Diriangén, jefe de los indios chorotegas.

El lunes 5 de abril del mismo año, se había desarrollado en el pueblo de Quauhcapolca el pacífico encuentro (¡todo un diálogo filosófico!) entre el mismo González Dávila y el cacique Nicaragua, poderoso jefe de los nahuas o niquiranos. Y una semana después, el lunes 12 de abril, los invasores tomaban posesión del Gran Lago, en nombre de los reyes de España.

Trasladándose seis leguas hacia el norte, a la “provincia” de Nochari (integrada por 6 pueblos), el capitán conquistador logró que se bautizasen 12,600 indios y recibió el equivalente a 33,000 pesos castellanos en oro como tributo, según la cuenta del tesorero Andrés de Cereceda. Dos de esos pueblos, Coatega y Ochomogo, eran de filiación náhua, quedando situados entre un río que los españoles después nombraron Gil González y otro llamado por los indígenas Ochomogo. Los otros cuatro pueblos (Nandapia, Nandaime, Mombacho y Morata, al otro lado del último río) estaban habitados por chorotegas.

Estando en Coatega, visitó a Gil González el cacique Diriangén, secundado de una comitiva deslumbrante. Diriangén no aceptó el bautismo inmediato, sino que prometió volver a los tres días, lo que hizo el 17 de abril, a medio día, para combatirlo. El jefe indígena fue vencido (indudablemente por la superioridad de las armas), pero González Dávila tuvo que retirarse, y al pasar por Quauhcapolca, los indios del cacique Nicaragua, ocultos, le esperaban armados. Así lucharon contra sus huestes, desde las once de la mañana hasta caer la tarde.

Entonces los indios solicitaron la paz y el capitán español se las concedió. Tres de los principales del pueblo del cacique Nicaragua se disculparon, afirmaron que ni el cacique ni los suyos habían sido responsables de aquello, sino la gente de un cacique foráneo que se hallaba en el pueblo. Pero González Dávila les contradijo, diciéndoles que en la pelea, habían recibido a varios de los que antes le había recibido pacíficamente. “A lo cual (informó a Carlos V) no tuvieron que responderme”.

Sin embargo, el cronista González Fernández de Oviedo y Valdés, basado en carta que le envió Gil González Dávila, indica que algunos le replicaron con una expresión que se ha considerado (excusen su origen anglicista) el primer “go home” de nuestra historia. Y es la siguiente: “Teba, teba xuja: está bién, ándate, vete en buen ahora” y “toya, toya”, varias veces, que quiere decir “anda, corre, corre”. “Toya” funciona como imperativo del verbo toyana, que expresa la idea de rapidez. Le instaban, en pocas palabras, a largarse. Evidentemente, ambos caciques combatieron, pero en forma distinta. Si Nicaragua con la razón, Diriangén con las armas.