Jorge Eduardo Arellano
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Aparte de su revista especializada, la de mayor calidad y constancia en el área centroamericana durante los primeros ocho años del siglo XXI, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua ha editado más de una docena de publicaciones, incluyendo aquellas que ha coeditado. He aquí las más recientes.

En primer lugar, Mitología nicaragüense (octubre, 2003), 224 p.; obra de Eduardo Zepeda-Henríquez (Granada, 1930) que indaga filosóficamente el país y sus habitantes, magnificando el sustrato mestizo de nuestra cultura y el condicionamiento de la vida urbana por la campesina o rústica. Distribuidos en tres secciones (“Mitos puros”, “Mitos de la historia” y “Mitos literarios”), quince son sus capítulos, destacándose entre ellos “Tamagastad: Padre y maestro mágico”, “El mito mercurial y afortunado del canal por Nicaragua”, “Siete pañuelos: ¿mito de Bernabé Somoza?”, “El hombre-símbolo, pájaro del dulce encanto” y “Tola y la novia de los nicaragüenses”.

Con su habitual armonía estilística, su autor sostiene que nuestra sociedad funciona bajo el peso de las familias tradicionales: verdaderas “castas” que marcan, por ejemplo, el ejercicio de la política, las profesiones liberales y una suerte de nepotismo intelectual.

Luego Tipos, lugares y costumbres: crónicas escogidas (agosto, 2004), 196 p. del periodista Alejandro Cuadra (1908-1958), en la que se rescata la vida política, personajes y tradiciones populares de la Nicaragua de los años 40 a través de la pluma de “un periodista nato que trajo en su sangre la sabiduría de escribir reportajes de interés público, constituyendo buen número de ellos verdaderas obras maestras”. Precedido del “Réquiem por un hermano muerto”, de Pablo Antonio Cuadra, contiene 35 piezas publicadas en el mejor suplemento humorístico de Nicaragua en el siglo XX, Los Lunes de La Nueva Prensa, entre 1945 y septiembre de 1948, antes de que su autor fuera expulsado, a pie y descalzo, a San José, de Costa Rica. No en vano impugnaba la dictadura de Somoza García con sus compañeros de labores: Gonzalo Rivas Novoa (G Erre Ene), el caricaturista Toño López y los escritores Joaquín Pasos (1914-1947) y Manolo Cuadra (1907-1957).

A continuación: La Pax Americana en Nicaragua: 1910-1932 (septiembre, 2004), 280 p., de Jorge Eduardo Arellano. Se trata de una investigación, remontada al trasfondo histórico fundacional de los Estados Unidos, que resume la “Génesis, formación y fracturación del Estado Nacional” y entra a fondo en el tema --la tutela de los Estados Unidos y sus consecuencias en Nicaragua--, sustentado en fuentes exhaustivas, tanto primarias como secundarias. Seis periodizaciones se distinguen en esa tutela: 1. La implantación; 2. La resistencia; 3. La consolidación; 4. El conflicto; 5. La solución y 6. La herencia.

El libro cierra con un “Epílogo sobre los aspectos socio-culturales”, el análisis de documentos significativos bajo el titulillo de “Nicaragua: el país de la cuenca del Caribe más intervenido militarmente”, la enumeración de las fuentes y un anexo documental.

Alejandro Serrano Caldera y Ligia Madrigal Mendieta suscribieron notas explicativas; y Pablo Kraudy, Felipe Rodríguez Serrano y Guillermo Rothschuh Villanueva elaboraron reseñas de esta obra, presentada en el IX Congreso Centroamericano de Historia celebrado en la Universidad de Costa Rica, del 21 al 25 de julio de 2008.

Enseguida, con la UNAN-Managua, la Academia coeditó la obra de autores varios Nicaragua/Ideas/Siglo XX (Santiago de Chile, 2005), 186 p. que tuvo de coordinadores al chileno Eduardo Devés y al español Alfredo Lobato. En ella colaboran, además de los citados: Jorge Eduardo Arellano, Fidel Coloma González, Leonel Delgado Aburto, Pablo Kraudy, Margarita López, Ligia Madrigal Mendieta y Volver Wünderich.

El volumen compila trabajos publicados y otros inéditos. Los criterios fueron tres: que contribuyeran a cubrir el siglo, teniendo en cuenta épocas, personajes, escuelas y áreas temáticas; que poseyeran un adecuado nivel de profesionalismo y que provinieran de autores con méritos reconocidos en el ámbito académico.

El ensayo de fondo fue elaborado por Devés, promotor de la antología: “Pensando (en) Nicaragua hacia el 2000”, desarrollado en diez capitulillos: 1. El círculo vicioso y el laberinto de la sensibilidad finisecular. 2. La cultura política: pedrariasdavilización y somocismo; 3. Sociedad civil y pueblo como sujeto; la idea consensual: democracia. 4. Identidad, globalización y nación. 5. Unidad y diversidad: regiones, indígenas, Atlántico, interculturalidad; 6. Educación; 7. Paz-Guerra-Cultura de Paz; 8. Valores y positividades; 9. Salidas y rupturas; y 10. Algunos aportes del pensamiento nicaragüense. Hacia la refutación de Coronel Urtecho.

Devés se refiere al planteamiento de éste en 1974: “Sólo en poesía ha habido entre nosotros profundidad y seriedad. Las otras formas de la cultura y de la vida en Nicaragua han sido despojadas de su contenido verdadero. Si Nicaragua desapareciera, no quedaría más que su poesía”.

Un quinto título es Arqueo-Astronomía de los petroglifos del Pacífico de Nicaragua (diciembre, 2005) 24 p., de Neyton Baltodano Pallais, consistente en una introducción, seis capítulos breves, once ilustraciones y un apéndice de términos más usados y obras recomendadas. Además, al final de cada capítulo, se ofrece una bibliografía. En este trabajo, Baltodano Pallais aporta nuevos conocimientos destinados a enriquecer el acervo cultural del pueblo nicaragüense.

El sexto corresponde a la traducción que Luciano Cuadra (1903-2001) realizó de la investigación Los filibusteros deben morir (agosto, 2006), 179 p., editada con la Comisión de Sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto. Rosengarten enfoca al filibustero William Walker de forma ecuánime. Sin desconocer sus no comunes facultades intelectuales, lo juzga en su justa medida y, por supuesto, no justifica sus “ideales”. Lo contextualiza y observa que la obsesión de Walker, más que de riqueza, era de poder.

El séptimo también es una compilación de varios autores: Masaya y sus glorias beisboleras (Evocaciones y testimonios, 70 p. Siete suman quienes lo escriben y veinticuatro los trabajos de distintas épocas que trazan un panorama del “deporte rey” en la ciudad de Masaya: desde 1904 hasta la década de los cincuenta del siglo XX. Entre los autores se destacan Tito Rondón y Julio C. Miranda. El mismo tema, pero de manera más amplia y sistemática, se desarrolla en el octavo título: un rescate histórico-cultural sin precedentes: El béisbol en Nicaragua: 1889-1948 (diciembre, 2007), 340 p. e ilustrado como todos los anteriores, de Jorge Eduardo Arellano. “Documentado al máximo y escrito con maestría, leerlo emociona. Su autor enmarca los hechos deportivos en sus contextos políticos, descubre muchas actuaciones y aclara otras mal conocidas” --se lee en la contracubierta--.

El noveno libro que la Academia preparó concienzudamente, y financió en parte, es el aparecido bajo el sello editorial de la Colección Cultural de Centroamérica: La población de Nicaragua: (1748-1867), 267 p., de la hermana Mercedes Mauleón Isla (1920-2005). Consiste en una exhaustiva investigación demográfica sobre la Nicaragua del Pacífico cuando era una provincia bajo el dominio de la “pax hispánica” hasta 1867, año del primer censo completo de la República. Y el décimo, que venía haciendo mucha falta, versa sobre un aspecto poco estudiado de nuestra historia: Crisis económica, bancos y reforma monetaria en Nicaragua (1870-1926), 199 p., de Róger Norori Gutiérrez, recientemente valorado por el doctor Francisco J. Mayorga en el Centro de Historia Municipal.