•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Recientemente se empezó a generalizar la idea de que el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, negoció cargos en el Estado, convirtiéndose “en un satélite de los sandinistas”, mientras que el Partido Liberal Independiente, PLI, actuó correctamente porque, por honestidad, no negoció cargos. ¡Eso no es cierto! Está claro que el PLI negoció cargos y ofreció sus votos, pero se retiraron de las negociaciones molestos porque no les aceptaron a una persona que no cumplía los requisitos, y disgustados porque incluyeron también a personas propuestas por el PLC. Esa es la verdad, pero se empezó a crear un mito --uno más-- sobre el PLC, convertido en el mitológico chivo expiatorio de todos los fracasos de la oposición.

 

Los partidos políticos tienen la obligación de ocupar todos los espacios políticos posibles, sean muchos o muy pocos. ¡Para eso están! Consecuentemente, el PLC hizo lo correcto. Igual lo quiso hacer el PLI, pero fueron ineficientes. Los políticos deben hacer política; ¡saber negociar, por Dios! Si no saben, ¿para qué ocupar diputaciones donde la negociación política necesariamente es fundamental?

 

Otro mito es que el PLC quiso boicotear la Administración de Enrique Bolaños (2002-2007); al contrario, si el PLC lo puso como candidato, era para apoyarlo. Fue Bolaños quien dio la espalda tanto al partido que le sirvió para ser presidente como al vicepresidente José Rizo y a los diputados liberales. También es un mito que Daniel Ortega ganara las elecciones del 2006 por culpa del pacto PLC-FSLN. Daniel Ortega ganó gracias a los políticos que crearon la división del liberalismo. Nunca hubiera ganado el Frente Sandinista con el 38% de votos si el liberalismo no se divide.

Es un mito que el PLC no quisiera la unidad. Fueron los que se separaron por instrucciones de la Administración Bush, guiados por el embajador Paul Trivelli, quienes no aceptaron elecciones primarias --con absolutas garantías-- para elegir a los candidatos liberales, y rechazaron todas las amplias propuestas que les hizo el PLC.

 

¡Todo esto no me lo contaron, lo viví! Estoy apartado de toda actividad política partidista pero conservo mi carnet del PLC. Siempre he sido orgullosamente liberal (social liberal de izquierda moderada). Hoy, desde mi retiro político, considero un deber testimoniar lo que realmente sé sobre los mitos creados contra el PLC, a quien ciertamente tengo mucho que criticarle --porque libre de culpa no está-- pero con el que también hay que ser justo. Al PLC se le echa toda la culpa del descalabro de una oposición inepta, cuando el descalabro lo crearon otros.

 

No crea usted en todo lo que digan. La mayoría cree que Cleopatra era egipcia, que hubo un rey Arturo en Inglaterra, que Hernán Cortés quemó sus naves o que Washington usaba peluca. Ninguna de estas cosas es cierta, son mitos. Pero los mitos se aceptan como verdades innegables a fuerza de repeticiones. Nacen por diferentes razones, desde motivados por la ingenua ignorancia hasta para promover intereses propios, a veces mezquinos, e incluso por odio.