Augusto Zamora R.*
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Las altas temperaturas que suelen afectar a Centroamérica por estas fechas no deberían tomarse como normales. La falta de datos sobre las temperaturas de hace un siglo impide hacer análisis fiables. Un siglo, en términos geológicos, es nada.

Sin embargo, nadie niega ya que nuestra Tierra está inmersa en un amenazador cambio climático, cuyo primer efecto --medido y probado-- es el aumento de las temperaturas.

De la gravedad del tema da cuenta el cambio radical experimentado en EE.UU., cuyo Gobierno, hasta hace poco, rehusaba aceptar que el planeta estuviera amenazado.

Hace pocos días la Casa Blanca dio a conocer un informe oficial en el que alerta a la población sobre los efectos catastróficos que puede provocar el alza de temperaturas.

Según el Informe Nacional del Clima, en 2012, la zona central de EE.UU. sufrió una atroz sequía y se superaron 356 récords de temperatura a lo largo y ancho del país.

Afirma dicho informe que, el cambio climático provocará “inundaciones en bahías, aeropuertos, puertos, túneles y vías de tren”, causando “incendios, descenso de la calidad del aire, problemas de salud mental y enfermedades” transmitidas por alimentos, agua y mosquitos.

Países como Nicaragua son extremadamente frágiles a los fenómenos naturales, lo que obliga a tomar el problema como cuestión de vida o muerte.

Lo primero y esencial, es recuperar la masa boscosa destruida por ignorancia, avaricia y pobreza. Sin bosques no hay ríos ni arroyos. Y sin agua, simplemente, la vida desaparece.

 

az.sinveniracuento@gmail.com

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