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Los pontífices de la Iglesia Católica recientemente canonizados por su magisterio, presidido por el papa Francisco, son: San Juan XXIII y San Juan Pablo II. Ellos en distintas épocas ejercieron también con notoria santidad el Vicariato asumido por el apóstol Pedro, de Nuestro Señor Jesucristo, el Divino Maestro, al instituir su Iglesia al comienzo de nuestra era.

La Iglesia para la canonización o el reconocimiento y pública proclamación de dicha santidad, es extremadamente exigente. En Nicaragua está el claro ejemplo de la beata sor María Romero, que aunque en nuestro país es reconocida, puede decirse por la generalidad, como verdadera santa, aún no ha llenado para el Magisterio de la Iglesia todos los requisitos para dicho reconocimiento. Es cierto que en cuanto al reconocimiento mundial de los aludidos santos, quizá por el reducido medio del referido caso, no haya punto de comparación; pero, he querido hacer esta reseña, para ver la exigencia eclesial; y que en el actual caso, debemos estar seguros hasta la saciedad, de que han sido sobrepasadas las razones para ser mundialmente reconocidos como santos.

De San Juan XXIII, cuyo nombre de pila es: Ángelo Giuseppe Roncalli, llamado el Papa Bueno, hijo de campesinos italianos, en el año 1881, habiendo sido electo Papa en 1958. Su corto y fecundo pontificado fue hasta 1963 y terminó con su santa vida terrena, la que vivió como el actual papa Francisco, relacionándose con todos. En su sobresaliente pontificado, en el año 1962, abrió el Concilio Ecuménico Vaticano II, que ha sido de gran apertura a los cambios de la humanidad, además del acercamiento de muchos por distintos motivos apartados de la Iglesia. Muchas veces por gravísimas fallas, por las que la Iglesia ha pedido perdón.

El santo papa Juan Pablo II, fue el santo peregrino, que viajó por todo el mundo llevando con su ejemplo una buena porción del amor divino y proclamando el Evangelio. Así, llegó a Nicaragua en dos ocasiones. Y en cada vez, nos trajo con la fe y la esperanza, buenas porciones de dicho amor, el que con su mensaje proclamó con ardor por el orbe entero. Este Papa explicó muy bien que el verdadero amor con dignidad, se identifica indistintamente compartiéndolo; y que, en cuanto más se comparte, se multiplica cada vez más, llevando paz y felicidad.

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