•  |
  •  |
  • END

I. Avatares mediáticos.
Durante los años que estuvo en el poder la revolución sandinista, los medios bajo su tutela funcionaron amparados en el sistema presupuestario de financiamiento. Esta modalidad se impuso debido a la lógica del modelo de desarrollo socioeconómico impulsado por la revolución.

El cambio de gobierno presidido por Violeta Chamorro trajo aparejada la introducción de un nuevo modelo, que apostaba por la economía de libre mercado. Los medios volvieron a funcionar bajo el patrocinio de la publicidad. La primacía conferida a la forma presupuestaria fue relevada. Estas dos lógicas expresan maneras diferentes de financiamiento. La primera auspiciaba a los medios para sobresaltar los logros del gobierno en las diversas áreas del desarrollo social, económico, educativo y cultural, la segunda hace hincapié en la venta de bienes y servicios.

Con la introducción del paradigma de la comunicación y la entronización del mercado, las transformaciones ocurridas son radicales. El sistema presupuestario hizo crisis, se consumió en una muerte irreversible.

En la actualidad los medios trabajan de acuerdo a la lógica implacable del mercado y a uno que otro patrocinio. Con miras a cuidar su imagen corporativa, las empresas han fortalecido sus estrategias mediáticas. Los anuncios, además de incrementar las ventas, transmiten valores y cuidan celosamente la cara de las empresas. Constituyen el primer producto de consumo y refuerzan las líneas de defensa y contención de los cuestionamientos realizados por los consumidores y organizaciones de la sociedad civil. Políticos y empresarios han aprendido que las batallas se plantean y ganan en las nuevas plazas públicas, en que han sido convertidos los medios.

Las empresas se percataron de la necesidad de revertir los enjuiciamientos negativos acerca de su voracidad ilimitada. La revirada les llevó a construir un discurso mediático, donde enfatizan sus preocupaciones por el destino de la humanidad. La reapropiación de conceptos y herramientas comunicacionales, sicológicas y sociológicas es evidente; una mezcla perfecta de publicidad y propaganda, combinada con ingredientes de diplomacia pública, mercadeo y relaciones públicas.

Era tanto su empeño y tan evidentes sus conquistas, que los gobiernos comenzaron a copiar todas sus argucias. Sus estrategias discursivas penetraron los aposentos del poder político. Todo se cobija ahora bajo el manto protector de la comunicación. La propaganda es disfrazada y se pasa muchas veces como información.

II. Libertad de expresión menoscabada.
Con la desaparición de la propiedad cruzada en los Estados Unidos, que prohibía a un mismo dueño contar con dos medios de comunicación en una misma ciudad, los empresarios se han lanzado al asalto. Iniciaron un proceso de concentración que todavía no concluye. Los imperios mediáticos se desplazan por el mundo en la búsqueda de nuevos yacimientos. Compiten con los gobiernos entorpeciendo la función crítica de los medios. Los pretextos que aducen son iguales: acusan a los medios de entorpecer sus grandes negocios.

Colocados en una posición similar a la asumida por los gobiernos, los empresarios no entregan publicidad a los medios que cuestionan su actuación, además de bloquearles el acceso a la información. La libertad de expresión se ve menoscabada. Sufre el embate de gobiernos y empresarios. Sobre su cuello pende la asfixia económica y el acoso político. La libertad de expresión, ¿vivirá eternamente atada a los avatares políticos? ¿La libertad de expresión continuará permanentemente acechada, perseguida, hostigada, mediatizada, en un círculo infernal que jamás tendrá fin?

La situación que atraviesa Nicaragua en materia de libertades públicas exige la defensa cerrada de la libertad de expresión, como un imperativo ineludible de los tiempos actuales. La autonomía e independencia relativa de los medios se convierte en una condición sine qua non para enfrentar estos asedios. Empresarios y políticos convertidos en dueños de medios corrompen y desvirtúan los alcances de la libertad de expresión. Hoy en día vale más el concepto de libertad de expresión comercial que el concepto de libertad de expresión en su sentido lato.

El ciudadano común y corriente, en nombre de quien y para quien se conquistó esta libertad, cada vez tiene menores posibilidades de acceso a ciertos medios. El periodista mexicano Raymundo Riva Palacios constata el adelgazamiento progresivo y la estrechez obscena, por donde se filtran con cuenta gotas los reclamos ciudadanos.

La concentración y centralización de los medios se ha visto favorecida por los gobiernos, llamados a evitar estos procesos concentracionarios, convertidos hoy en día en auténticos poderes de facto.

La crisis de la división de poderes proviene tanto de la sumisión de los Poderes Legislativo, Judicial y Electoral al Poder Ejecutivo, como también a la liberalidad con que funcionan los medios. Un principio básico de la democracia es subvertido. Todos los poderes de la sociedad están sujetos a balances y contrapesos. El poder mediático no acepta ningún tipo de regulación, ni se muestra proclive a rendir cuentas ante la ciudadanía. Los sistemas de autorregulación, uno de los mecanismos más eficaces para superar la situación, son muy débiles y en algunos casos no existen.

III. La toda poderosa publicidad.
El desmantelamiento del Estado y el traslado de funciones vitales al sector privado, impone a los medios la obligación de fiscalizar con la misma determinación al sector empresarial. Los medios se han mostrado atentos en enjuiciar a los gobernantes, pero han sido tibios, demasiado timoratos a la hora de juzgar al empresariado.

La promulgación de leyes de acceso a la información y la creación de veedurías u observatorios de medios, constituyen la contrapartida necesaria. Sirven para atajar el afán arrollador y envolvente de políticos, empresarios y medios de comunicación. Así como ningún estamento social, político, económico o militar, debe quedar fuera del enjuiciamiento de los medios, tampoco estos deben rehusarse a rendir cuentas a la ciudadanía, en nombre de la cual actúan y para la cual existen.

En la medida en que el ascendiente de los medios se acrecienta, estos son asediados y tratan de continuar siendo sometidos por políticos y empresarios. En Nicaragua los publi-reportajes crecen y se multiplican. Los medios continúan dimitiendo a favor de los anunciantes.

Sabedores de su poderío, los anunciantes invaden espacios tradicionalmente vedados. Sus anuncios aparecen hasta en la primera página de revistas y periódicos. No contentos con lo logrado, los periódicos ofertan sus anuncios con la misma tipología y diseño con que ofrecen sus informaciones. Las publicaciones impresas, los programas radiales y televisivos se deshacen por dulcificar los rostros de empresarios y gobernantes.

En el presente, en un afán de controlar la información y aumentar sus ganancias, empresarios y políticos han acrecentado sus deseos de contar con sus propios medios. La publicidad en su vertiente política y empresarial incrementa su poder, convirtiéndose en la más poderosa herramienta para alinear o doblegar a los medios. Como contrapartida, el abaratamiento de las nuevas tecnologías de comunicación abre para la ciudadanía nuevos espacios de independencia y autonomía. Las ventajas que ofrece internet son infinitas. La creación de nuevos hábitos de lectura y la utilización creciente de la red por parte de los jóvenes anuncia mayores cambios en el acopio, tratamiento y difusión de la información, por otras vías más expeditas y menos onerosas.

IV. El poder de los gobiernos.
Dos hechos incidieron en la desaparición de Barricada: los cambios introducidos en su política informativa y editorial en 1994, a raíz del despido de su director, Carlos Fernando Chamorro; y el ahogo financiero, debido a la nula publicidad recibida de parte de empresarios y del gobierno del expresidente Alemán. ¡Muerto el rey, viva el rey! Desalojados del gobierno los sandinistas, nadie se creyó obligado a proporcionar publicidad a Barricada. Una actitud similar se vive en el presente: el presidente Daniel Ortega trata a medios y periodistas con el mismo rasero. Se ha mostrado renuente a anunciarse en aquellos medios calificados como enemigos.

La publicidad gubernamental siempre se ha canalizado hacia los medios menos vistos y leídos. El gobierno actual pauta su publicidad apoyándose en razones estrictamente políticas. Se ha negado a tomar en consideración criterios técnicos. Los niveles de circulación o los porcentajes de audiencia son pasados por alto, poco importan.

Esta actitud viene a ser una reedición de la política sustentada en los ochenta, con una variante sustancial: no hay guerra de agresión y buena parte del sector empresarial juega a dos bandas; favorece a algunos medios de comunicación independientes, invirtiendo a la vez, sumas parecidas, en medios afines al gobierno.

Una constante política en relación a los medios es que el gobierno que detenta el poder en Nicaragua, se ha convertido históricamente en una especie de brújula para los anunciantes. Los señalamientos de algunos dirigentes políticos, aduciendo que algunos empresarios nicaragüenses, mientras hagan dinero, no entrarán en colisión con los gobiernos, resultan ser de una verdad irrefutable.

El presidente Ortega, pese a las nuevas circunstancias sociopolíticas por las que transita el país, en vez de propiciar el pluralismo y la tolerancia, incurre en los mismos errores del pasado: se olvida de los reclamos justamente emitidos, optando por castigar o premiar a los medios, según estos inclinen la balanza a su favor o critiquen su gestión política.

¡El gobierno no admite ningún tipo de críticas! ¡Quienes lo hacen son proscritos, quedando fuera --de inmediato-- de la entrega de la publicidad gubernamental! ¡Chitón pitillo!