Augusto Zamora R.*
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Sorprenden —relativamente— parte de los comentarios que reciben mis columnas sobre temas científicos. Confirman lo que ya sabemos: los niveles educativos y culturales de Nicaragua son bajos, pero los conocimientos científico-técnicos son nulos.

Ninguna novedad, pues el problema se remonta a los orígenes de nuestros países. Es decir, a los procesos de independencia, que fueron una catástrofe total para los pueblos.

Contrario a los discursos oficiales, los procesos de independencia fueron movimientos ferozmente reaccionarios. El poder español y portugués no fue sustituido por elementos progresistas, sino por latifundistas y comerciantes antediluvianos, interesados en preservar sus privilegios, no en el desarrollo de los nuevos Estados.

Fue así que surgieron países de analfabetos, con poblaciones masivamente pobres, cuyo único papel era el de siervos sometidos a las minorías terratenientes y comerciantes.

No había lugar para la Ciencia. Las oligarquías no necesitan científicos, sino peones y sirvientes. Aunque asombre, esa visión arcaica y atroz permanece vigente en buena medida en nuestros países.

Del atraso científico latinoamericano da cuenta el dato de que un pequeño país (Suiza) registra más patentes de inventos que toda nuestra región.

Otro dato apuntala lo anterior: somos incapaces de exportar tecnologías. Simplemente carecemos de ellas. Tal desastre nos hace dependientes absolutos de la tecnología extranjera.

No podemos pedir a nuestra gente que sepa lo que nadie enseña. La Ciencia sigue siendo la cenicienta, la huérfana total. Preciso será tomar nota, pues sin Ciencia no hay desarrollo posible alguno.

 

az.sinveniracuento@gmail.com