Gonzalo Normando Salgado Soza*
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El reconocido profesor de la Universidad de Harvard, Barrington Moore Jr., explica el desarrollo de la democracia como un proceso largo y desde luego incompleto por obtener, que requiere de tres elementos vinculantes y necesarios entre sí:
1. Poner frenos a los gobernantes arbitrarios.

2. Reemplazar el capricho de los gobernantes por normas justas y racionales.

3. Lograr que el pueblo participe en la creación de esas normas.

Sin duda alguna este tercer elemento es la esencia de la participación ciudadana, y de la democracia misma, y es aquí donde se vuelve complejo el trabajo de los gobernantes, porque sin duda alguna es fácil gobernar, lo difícil es gobernar para todos. El principal objetivo, o al menos el principal discurso de todo gobierno es el de lograr el desarrollo del país y llevar el bienestar a su población.

En el contexto mundial actual, éste es un juego de palabras con el que se manipula prácticamente todo: “El bienestar implica desarrollo”, “El desarrollo trae bienestar”, “Bienestar para los pobres”, o según le convenga al orador o interlocutor de turno. Sin embargo, ambos términos son independientes entre sí, es decir, puede haber bienestar sin desarrollo y desarrollo sin bienestar.

Independientemente de su significado lingüístico, cada persona, familia, grupo social, político o religioso tiene su propia interpretación y concepto; la discusión podría nunca acabar, ya que sobrarán argumentos políticos, religiosos, culturales, sociales y de toda índole entre las diferentes partes para justificar sus posiciones, al final de cuenta nos corresponde a cada ser humano identificar y reconocer qué requerimos para nuestro bienestar, pero antes debemos formar nuestro propio concepto de éste.

En un mundo mal llamado globalizado, donde impera una distorsión de libre comercio bajo la influencia del consumismo, existen tres interpretaciones de bienestar: 1) La posibilidad de satisfacer las necesidades creadas por el mercado; es decir idealizar un estilo de vida. 2) Vivir en paz con Dios y consigo mismo, lo que implica tener lo justo para sí y su familia, y 3) La posibilidad de acumular riqueza y poder a tal punto de lograr la capacidad de decidir sobre el bienestar de los demás, esta última interpretación es verdaderamente absurda y contradictoria.

Aunque este tema es material para escribir muchas líneas, se lo dejo a los especialistas, mi verdadero objetivo, aunque suene pretencioso, es poner en perspectiva lo mal que va nuestro país por las equívocas percepciones de los políticos y funcionarios públicos acerca del bienestar y de las necesidades que demanda la población y el país mismo, con el agravante de las evidentes malas intenciones que le imprimen a sus acciones; la presunción de que suene pretencioso es porque, ni afirmar que nuestro país va por mal rumbo, ni decir que son los políticos y funcionarios públicos los causantes de la mayoría de nuestros males, son noticias nuevas.

Sin embargo, sí es novedad el utilizar las necesidades y el bienestar como justificación para tratar de cometer cualquier atropello contra la inteligencia, las leyes y las personas, retomando la histórica división de clases: pobres vs. ricos, oprimidos vs. opresores, proletarios vs. capitalistas, empleadores vs. Trabajadores, etc., obviamente copiando ejemplos externos, pues sus neuronas no dan para tanto.

Ningún político ni gobierno puede lograr desarrollo ni bienestar sin la participación amplia de la sociedad, la cual debe estar estructuralmente cohesionada y ser homogénea, es decir, con mínimas diferencias económicas, sociales, políticas, religiosas y culturales; lamentablemente no es el caso de nuestro país, es decir, que es una farsa pretender llevar bienestar y desarrollo a todos los sectores de nuestro país cuando lo que se está creando es mayor división ideológica en la sociedad, en vez de aprovechar este contexto favorable que nos da la historia para tratar de disminuir esas diferencias.

Dichas diferencias no deben ser disminuidas con medidas populistas, engañosas ni cosméticas, tal es el caso de los controversiales CPC, que dicho sea de paso, sí son organizaciones partidarias, lo que no está mal, pues cada partido tiene derecho a organizarse y reestructurarse como mejor les parezca; en cuanto al tema de la influencia directa en el poder de dichos Consejos, eso está por verse, ya que las obligaciones estatales, tales como las jornadas de salud en los barrios, la distribución de víveres o granos básicos donados, recibir un aval para calificar a un empleo o a cualquier beneficio de un programa de gobierno no deben ser en ningún momento consideradas un beneficio adicional a la participación ciudadana, o utilizadas como mecanismo de clientelismo político.

La participación ciudadana tiene varias expresiones y etapas, como son la organización y la gestión comunitaria, pero además no es una doctrina, es una disciplina que se fortalece día a día y con la participación de todos y no mediante una ley o decreto ejecutivo; para ser efectiva no requiere de la condición de ostentar el poder político oficial, como lo pretende hacer creer ahora la dirigencia del FSLN, por el contrario, este partido, que siempre ha tenido poder político efectivo, debió crear estos “Consejos del Poder Ciudadano” mucho antes, para que los mismos participaran en las decisiones que sus diputados y magistrados han venido tomando en función del “bienestar y el desarrollo”
Sin duda alguna el actual partido de gobierno ha mostrado una evidente ineficiencia administrativa y gerencial en su desempeño, lo que es entendible tomando en cuenta que durante los últimos 16 años su único objetivo fue fortalecer su proyecto político y económico, al garantizar sus respectivas cuotas en los distintos poderes del Estado y sus instituciones, pero su mayor error es creer que la población es ignorante y con poca capacidad de análisis, al pretender promover este gobierno como “de y para los pobres”, quienes lo han recuperado después de casi dos décadas de haberlo perdido.

Un total absurdo salido de una mente retrógrada y fantasiosa, que incluso no sabe ni defender sus posiciones, ya que para todo justifica su ineficiencia señalando como culpable a la herencia neoliberal que ellos mismos ayudaron a fortalecer y en la cual viven cómodamente.

Nunca ha existido ni existirá un gobierno de y para los pobres, y quien lo diga, mentiroso es, pues para acabar con la pobreza no basta con mirarla, sino entenderla desde la perspectiva del estado de bienestar, lo que nos lleva nuevamente a reflexionar sobre este concepto. Es decir, cómo alguien puede decir que gobierna para los pobres y vive como rico, y cómo puede criticar a los ricos y se porta como tal; es una verdadera confusión que ni él mismo la entiende.

En tal sentido, el tema de los CPC es una ridícula manipulación, ya que “la noción de poder suele estar más relacionada a la acción social colectiva que a la fuerza física. También se entiende como la capacidad para cambiar la realidad” (http://es.wikipedia.org/wiki/poder), pero ninguna de estas dos acepciones relacionadas a la acción social colectiva y al cambio de la realidad las están impulsando tales Consejos, en tanto son naturalmente excluyentes y están creando fragmentación social, lo que por el momento solamente favorece al FSLN, porque le permite mantener entretenido a sus simpatizantes defendiendo el supuesto poder recuperado ante el resto de la sociedad, y además sirven de instrumento para capitalizar acciones coyunturales y populistas aunque no solucionen los verdaderos problemas. Por otra parte, los CPC no tienen la capacidad de cambiar la realidad del país por sí mismo, en tanto nadie, ni el gobierno mismo lo puede hacer sin la participación amplia de la sociedad, pero además porque éste carece de una estrategia de nación sólida, creíble y sobre todo viable y original.

Otro grave error del actual gobierno es tratar de vender la idea de que un solo individuo es la salvación para nuestro país, a tal punto de mantener la ridícula y vergonzosa campaña de culto hacia la persona, por eso es común ver los mega-rótulos por diversas partes del país... un verdadero despilfarro de recursos, cuando la mejor campaña es la honestidad y la transparencia, dos cualidades de las cuales carece el actual gobierno, y por el cual muchos sentimos más que decepción, una verdadera lástima.

De las autodenominadas fuerzas democráticas hay mucho que decir, y más aún desde su papel de evaporada y desarmada oposición, pero lo haremos en otro momento.

*Coordinador Red Nacional de Defensa de los Consumidores