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Para juzgar si el diálogo de nuestros obispos con el presidente Daniel Ortega y doña Rosario Murillo fue un éxito, habría que haber estado presente. Ninguno de los que lo han comentado sin ser obispos, ni este servidor, estuvimos presente, por lo tanto recurramos a dos elementos que nos dan un fiel reflejo de lo que fue este diálogo y por qué afirmo que fue un éxito: 1) el documento leído por los obispos al inicio y entregado al presidente, que contiene los temas tratados; y 2) lo comunicado por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Sócrates René Sándigo. Al final del mismo; él estuvo presente, participó, es muy inteligente y perspicaz, y dice siempre la verdad.

El documento de los obispos es honesto, amplio y sabio. Honesto, porque expresa todo lo que deseaban expresar sin pasar por alto ningún tema que considerasen necesario abordar. Amplio, porque abarca todas las inquietudes de los diversos sectores del pueblo. A algunos nicaragüenses les preocupan ciertos puntos y a otros les preocupan puntos diferentes. Ellos presentaron las inquietudes de todos en seis temas: 1) La Familia. 2) Problemática social. 3) Derechos Humanos. 4) Situaciones propias de la Costa Caribe. 5) Evangelización y algunas políticas de Gobierno. 6) Institucionalidad.

Claro que cada tema tiene muchos subtemas. Finalmente, es un documento sabio, porque su lenguaje es directo y claro, pero al mismo tiempo respetuoso, constructivo y propositivo. Los obispos exponen todos los temas y subtemas no para acusar, acorralar, dejar mal parado al gobierno, hacer política ni tomar partido; sino para señalar con respeto algunos errores que afectan a diferentes sectores de la sociedad y otros que nos afectan a todos, al mismo tiempo que reconocen aciertos o cosas buenas del gobierno.

Quisiera destacar lo propositivo, porque a cada problema expuesto, los obispos acompañan una sugerencia concreta para resolver la situación o mejorarla. No dicen las cosas con afán acusatorio, sino con sincero deseo de contribuir a resolver o mejorar. No plantean exigencias prepotentes, sino sugerencias valiosas presentadas con humildad y buena voluntad. Una lectura objetiva, desapasionada, no parcializada ni “politizada”, realizada con ojos de quien desea que en Nicaragua todos, absolutamente todos, nos entendamos mejor, en paz, y que el país progrese más.

Pero un diálogo no es una exposición, sino un intercambio. Si no, ¿para qué reunirse? El asunto no se queda solo en el documento, sino que se complementa con la respuesta del presidente Ortega, quien pudo optar por recibir el documento y despedirse diciendo que lo iría a estudiar. ¡Entonces el diálogo hubiera fracasado! Pero sabemos que hubo una conversación cordial y amplia. El diálogo fue un éxito por la temática expuesta por los obispos y porque la respuesta del presidente fue positiva.

Una respuesta que solo quienes estuvieron presentes, pueden interpretar en su verdadera dimensión, pues las personas no solo hablan con las palabras, sino con la mirada, con los gestos y otros detalles. Por eso me remito a lo dicho por monseñor Sándigo que estuvo presente. Monseñor asegura que hubo disponibilidad de parte del presidente, que están satisfechos porque hubo un acogimiento positivo de los puntos abordados.

Afirmó que hay un compromiso de que los ministros o responsables de instituciones del gobierno estarán en la disponibilidad de acudir donde los obispos, para responder las inquietudes de los diversos sectores y para profundizar en los temas tratados.