Juan B. Arríen*
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Diciembre es un mes muy especial. En él se concentra y sintetiza la vida ciudadana en su diversidad de acciones y aspiraciones. Todo resulta nuevo y viejo, todo termina y comienza a la vez. Diciembre es el mes más humano, porque en él nada humano le es ajeno. Todo cabe en él, todo se expresa en él, desde la pobreza hasta la abundancia, desde el consumo hasta la sobrevivencia.

Diciembre abre también nuevos escenarios a la educación o, lo que es lo mismo, la educación actúa en nuevos escenarios sociales y culturales. La sociedad se mueve en diversas direcciones, impulsada por resortes que develan sus intereses, necesidades, aspiraciones y frustraciones, generando procesos sociales de enorme connotación educativa y pedagógica.

En diciembre el sistema escolar regular entra en receso. Tras la alegría y nostalgia de las graduaciones, el silencio es su único testigo. Las escuelas callan, los uniformes y mochilas que acompañan y distinguen al estudiante, se guardan. El sistema escolar calla, pero la educación, recreando su ininterrumpida palabra, genera procesos humanos, sociales y culturales muy especiales. La calle se hace aula, la gente interactúa a través de múltiples formas de comunicación, dando rienda suelta a su inteligencia social y emocional, a la capacidad creadora, a sus aspiraciones insatisfechas, a su vitalidad reprimida.

La Gritería

Un primer escenario educativo, sorprendente y penetrante, amplio y profundo, es la gritería. El “¿Quién causa tanta alegría? Con su inmediata respuesta “La concepción de María” y todo su entorno, constituye el fenómeno pedagógico popular de mayor impacto histórico, social y cultural de Nicaragua. La Gritería crea una comunidad abierta, universal, sin fisuras, compacta. La Gritería es nicaragüense y el nicaragüense construye su identidad como actor de una tradición siempre viva y renovada, enlace de generaciones y de ideologías, encuentros de sentimientos que unen, y el más bello escenario de generosidad. La Gritería es el proceso que mueve todos los resortes, sensores y elementos de una interacción pedagógica que consolida y renueva el sentido de comunidad e identidad en nuestro país. Es la educación en su vertiente no-formal, popular, comunitaria y social.

La Navidad

Diciembre abre otro enorme escenario educativo, la Navidad con todo lo que ella reúne, realza, significa y manifiesta. La sorprendente realidad de Dios hecho ser humano y manifestado en el niño de Belén es el punto convergente del verdadero significado de las fiestas y de la exaltación navideña. Sin embargo, a partir de ese sobrecogedor punto histórico universal se han abierto en forma de círculos concéntricos las trayectorias y rutas inmensas hacia el consumo, dirigido por el interés comercial. Todo lo mejor de la creatividad y recursos del ser humano se encuentra en el contexto de las fiestas navideñas, porque la fiesta y el regalo son los instrumentos con sello de felicidad a la que todo ser humano aspira.

Este período, tan esperado por muchos y tan vacío para muchos, es la síntesis de gigantescos contrastes. En pocos momentos de la cotidianidad social aflora con tanta fuerza la radicalidad de la pobreza y la adicción al consumo, el contingente de niños pobres atraídos por un juguete y la generosidad de personas o grupos que levantan las barreras de su capacidad económica para acercarse a los necesitados haciéndolos felices por un momento. Quizás sea el contraste el elemento educativo más sobresaliente y activo de la Navidad. En él se encuentran lo más sublime del ser humano, emanado del nacimiento de Cristo y lo más lastimoso del ser humano por las condiciones y carencias infrahumanas que rodean su vida. Consumo y frivolidad por una parte, humanismo y generosidad por otra. Profundidad religiosa por una parte y exaltación mundana por otra. En todo caso, la Navidad es un preciado generador de relaciones humanas y sociales en las que se expresan y comparten los sentimientos, aspiraciones, limitaciones y necesidades del ser humano. La Navidad y su entorno son también un espacio vivo de encuentros, de reflexión y de aproximación entre las personas para superar diferencias nocivas que tanto daño hacen a la convivencia ciudadana. La convergencia y fluidez de estos elementos constituyen una fuente pedagógica compartida, propia de las fiestas navideñas.

El día 31 de diciembre, tan vibrante, activo y atractivo, culmina el año 2007. A las 12 de la noche rompe fuego la pólvora, llenando el cielo de luces brillantes precipitadas y el espacio de un ruido alegre y contagioso, los niños hacen de los triquitraques, canchinflines y cohetes el entorno de su solaz y alegría, y los adultos se hacen niños. Todos construimos una unidad de relaciones abiertas y espontáneas.. Es la hora de los abrazos, del bullicio deseando Feliz Año Nuevo. Cuando el silencio lo llena todo empieza a hablar la conciencia y a amontonarse los recuerdos, unos agradables y otros demasiado tristes. Momentos de reflexión y momentos para mirar adelante, compartiendo arrepentimientos, deseos y planes. La experiencia personal pasa a la familia, a los amigos, a los compañeros y compañeras de trabajo. Nicaragua entera mira hacia atrás y mira hacia delante abriendo el cruce de una interesante experiencia de educación popular.

De ahí que diciembre abra siempre escenarios compartidos de educación popular. Diciembre es el mes de mayor acumulación de experiencias de educación comunitaria y popular.