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Confieso mi insensibilidad literaria. En raras ocasiones leo poesía, obras de teatro, novelas, o cuentos, largos o cortos.

En mis momentos de felicidad íntima prefiero la lectura de biografías de individuos que han dejado huellas en el pasado. En mi vida académica leo lo obligatorio, es decir, las obras de aquellos cuyas contribuciones conceptuales han perdurado en el tiempo, o bien las obras de aquellos que inciden en la discusión del momento. El hecho que la lectura sea obligatoria, no significa que no la goce.

Esto último es lo que en mi juventud me condujo a estudiar la tesis doctoral de Francisco, en un viaje de tren entre New Haven y Washington DC. Digo estudiar, porque en cada página se destacaba un concepto novedoso alrededor del modelo agro-exportador que le trajo a Nicaragua un ciclo de crecimiento económico, “grosso modo”, de 30 años.

Para los de mi generación, la tesis de Francisco fue motivo de estudio y polémica, provocando acuerdos y desacuerdos, pero todos reconociendo su gran capacidad como “economista”. Tan es así, que en el debate que sostuvieron Francisco Mayorga y Edmundo Jarquín hace un cuarto de siglo sobre el estado de la economía nicaragüense, Edmundo acudió a los argumentos elaborados por Francisco en su tesis doctoral.

La cárcel injusta que sufrió Francisco, lo llevó a redescubrir en él otras dimensiones que complementaban al “economista”. Continuó escribiendo sobre economía, pero también inició su obra literaria, con “La Puerta de los Mares” y “El Hijo de la Estrella”, dos novelas vinculadas a la Nicaragua profunda.

Recuerdo a Francisco pidiéndome que leyese su primera novela y yo negándome, aludiendo a mi insensibilidad literaria. Pero cómo negarme ante las solicitudes de un amigo que en nuestra época de estudiantes –él de maestría y yo de licenciatura– se sentaba con paciencia infinita a explicarme el contenido del texto de economía internacional de Charles Kindleberger.

Y con el pasar de los años, con el fin de la Guerra Fría y lo que entonces parecía ser el fin de la geopolítica, fue Francisco quien me animó a reinventarme conceptualmente, insistiendo en que tenía que pensar en la geo-economía, todo lo cual me serviría para comprender mejor el resurgimiento de China como potencia global y la preocupación de sus dirigentes con la logística y los “commodities”.

Obviamente leí la “Puerta de los Mares” y me percaté con gran alegría que estaba leyendo historia, historia con cierto margen de licencia poética, y fue a partir de entonces que cada vez que Francisco tiene un nuevo trabajo de orden literario, y me distingue con el privilegio de ser uno de los primeros lectores, de inmediato acepto su invitación.

Para mi gusto, el cual reconozco no es el más refinado en estos temas, “El Filatelista”, es la mejor de las tres novelas de Francisco. Más bien debería decir, es la que más me ha gustado. Tal vez porque es con la que me identifico, es la que me resulta familiar.

En “El Filatelista”, Francisco describe minuciosamente las intrigas de Washington, resaltando las reuniones en el elitista Club Cosmos, donde se congregan senadores, “staffers” del Congreso, oficiales de inteligencia, funcionarios de los departamentos de Estado, Defensa y Tesoro. Y por supuesto los “lobbyists”, los inevitables cabilderos, maestros en abrir las puertas de los notables en Washington, y que muchos culpan de haber trastornado, hoy más que nunca, el proceso político estadounidense, convirtiéndolo en una suerte de bazar persa, donde toda transacción tiene un precio.

Los cabilderos de otrora, tal vez no eran tan relevantes como los de la Calle K de hoy, pero, sin duda, tuvieron su rol en robarle a Nicaragua su cita con su destino universal, utilizando la famosa estampilla, que representaba una supuesta erupción de un volcán en el lago equivocado, para inducir al Senado de Estados Unidos a optar por la ruta de Panamá.

En 2014, el sueño de cinco siglos está otra vez en el horizonte de la nación, con un nuevo factor, el de un empresario chino, originario de un país donde la frontera entre lo público y lo privado es confusa.

Si el proyecto chino no es un cuento chino como ha profetizado Sergio Ramírez, otro de nuestros grandes novelistas, hoy como ayer habrá en Washington cabilderos de todo tipo, intrigando en contra del canal, advirtiendo de los peligros que acarrea en el medio de las Américas el nuevo factor. Esperemos que en esta ocasión haya cabilderos en los dos lados del debate.

Un comentario final. Entre los protagonistas de la novela se destaca Máximo Asenjo, lo que para mí fue una agradable sorpresa, pues me llevó a reencontrarme con uno de los hermanos “perdidos” de mi bisabuela materna, doña Isabel Asenjo de Jiménez.

 

*Comentario leído en la presentación de “El Filatelista”, el 22 de mayo de 2014 en el auditorio del Banco Central.