Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Janeth Beltrán Martínez, emigrante nicaragüense de 30 años, natural de Managua, falleció el pasado viernes en el Servicio de Urgencias del Hospital “Virgen de la Salud”, en Toledo, España.

Janeth fue llevada de emergencia al hospital por su amiga Adriana, sufriendo intensos dolores de cabeza. No tenía tarjeta sanitaria porque estaba en situación “irregular”.

Esperaron cuatro horas sin que nadie escuchara las súplicas de Adriana, quien solicitaba atención médica para su amiga. Decidió buscar otro hospital, pero una enfermera la detuvo. Viendo el estado crítico de Janeth, decidieron, finalmente, internarla.

Demasiado tarde. Janeth murió poco después. A tiempo solo de expedir el certificado de defunción.

Fallecer en una carretera olvidada, en un monte perdido o en la soledad de una casa, forman parte de situaciones comprensibles. Fallecer en el servicio de urgencias de un hospital es un crimen, aunque haya leyes que eximan de responsabilidad a los culpables.

Desde hace años, cuando la crisis económica hundió las economías de varios países, la Unión Europea, gobernada por reaccionarios y neofascistas, decidió combatir la crisis demoliendo derechos humanos fundamentales, entre ellos la salud.

Los inmigrantes “ilegales” fueron criminalizados. Estar “ilegal” privaba de los derechos a educación, salud, vivienda y trabajo. Fueron convertidos en parias entre los parias.

El neoliberalismo deshumaniza a personas y sociedades. Produce médicos y enfermeras que sacrifican vidas para cumplir mandatos infames, en nombre de la macroeconomía.

En Nicaragua hubo, no hace mucho, un sistema así. Tomemos nota para que no vuelva.

 

az.sinveniracuento@gmail.com