•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El título de este artículo me llevó al reto de su propia definición. ¿Cuál será la ley más irrespetada y atropellada en nuestro país? Sin duda alguna, el tema es complejo, puesto que todas las leyes aquí son mancilladas diariamente en forma impune.

Carlos Alberto Montaner calificó a Nicaragua como el país más organizadamente desorganizado del mundo, por lo cual es difícil el planteamiento filosófico de cuál será esa norma que es más evidentemente infringida a diario y en cada momento.

Después de elucubraciones personales, así como en consultas a las personas de mi ambiente inmediato, compartí valoraciones en tertulias con esa audiencia improvisada. Me respondieron: ¿Tomando como base qué? Si es la de rango más elevado o la más frecuente a la vista, o si esa ley violada transgredida y burlada había que valorarla desde el punto de vista de la excelsa pasividad, inercia o ineficacia de las autoridades, o si bien, la probable norma seleccionada había que tomarla desde el criterio de mayor rentabilidad para los violadores de la misma, o si es por el número de artículos “invisibilizados” –como dicen hoy los seudo-académicos de hablar difícil–. Todo un teorema a ser demostrado. Un verdadero reto práctico.

Se debatió ardorosamente entre aquellos que mencionaban la Constitución, o bien las normas del tránsito –cuya versión 2.0 ha demostrado su vaticinada y olímpica ineficacia, así como los efectos opuestos en cambiar la conducta–, entre otras fofas y escuálidas legislaciones, cuyo guiñapo de texto y papel mojado fuese nada más un detalle curioso.

Al final del arduo debate se arribó a la conclusión, con algunos votos razonados –como es la moda hoy para disfrazar en dobleces sucesivos el ancho saco del pillaje–, que la ley más violada es la Ley 559, “Delitos Ambientales”, en especial, su ninguneado artículo 9, el de la contaminación por ruido.

Esta es la ley con la que más practican la higiene personal los dueños de “tumbacocos”, discomóviles, los de las ensordecedoras promociones de tiempo aire, los vendedores ambulantes, los apocalípticos predicadores del templo ambulante de la sordera popular, los anunciantes en camionetas con parlantes de decenas de miles de watts de salida; todos quienes a vista y paciencia –y a lo mejor como dicen algunos maliciosos– con “vacunas” para la ceguera y la sordera de las autoridades; estos le hacen la vida miserable al prójimo y adultos mayores, con un pretendido derecho a perjudicar por ser “contratistas ” de tal empresa.

Definitivamente, esta horda de torturadores que tienen licencia “de lo alto” para dañar la salud mental del prójimo, son quienes se llevan también el máximo galardón de violadores de esa ley, oprobio de mérito compartido con las disfuncionales autoridades respectivas.