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Con serenidad y acciones congruentes con su apellido, el presidente Maduro, y en general todo el Gobierno de Venezuela, ganaron el primer “round” del “golpe de estado suave” iniciado con los violentos disturbios del 12 de febrero en Caracas y principales ciudades del país, y continuado en su segunda fase con el tema de “las sanciones” de EU.

En contraste con los casi dos mil muertos del “caracazo” de Carlos Andrés Pérez en 1992, el balance de esta sublevación de piquetes callejeros o “guarimbas” de barricadas, anduvo por los cuarenta muertos, bajas generalmente provocadas por el rabioso vandalismo de ultraderecha contra agentes del orden, simpatizantes del gobierno, ciudadanos inocentes y corderos inmolados –como aquella reina de turismo que mataron en Valencia con la creencia de que su muerte aceleraría la caída del Gobierno.

Claro, si la restitución del orden se hubiera hecho al estilo de “la cuarta república”, los muertos también pudieron haber sido miles. Pero el Gobierno bolivariano optó por mirar a los vándalos a través de lentes de cámaras de fotos y vídeos, en vez de verlos a través de cuadrantes de miras telescópicas de francotiradores. Esto obstaculizó la intervención militar en Venezuela para “salvar al país de un gobierno genocida”, pero al mismo tiempo permitió identificar a los terroristas urbanos, para capturarlos y procesarlos con pruebas de delitos “in fraganti”. Ahora están procesados desde aquel que lanzó un coctel molotov, hasta el propio Leopoldo López, que lanzó el grito de guerra esperado para desencadenar la violencia.

Desde el mismo 12 de febrero resultó obvio el manejo extranjero de la conspiración con grandes maquinarias de dinero y propaganda despiadada. Antes de 48 horas, todavía nadie moría, pero ya tronaban siniestros personajes políticos de Washington y Florida denunciando matanzas de manifestantes civiles.

No obstante, la muerte más escandalosas fue la de la falsa objetividad de CNN en español, cadena a la que se asignó la tarea de agitar y dar la pauta del manejo “informativo”, de modo que la presentadora Patricia Janiot, salió despavorida de Venezuela al final de los primeros 15 días, cuando el Gobierno iba a confrontarla con la diferencia entre sus despachos y la realidad. También chocante resultó otro presentador, Fernando del Rincón, agitando ánimos encima de las barricadas caraqueñas, y posteriormente, la pérdida de compostura del “presentador de la risita mecánica” Ismael Cala, contra la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, por decirle que no estaba bien informado. Es malo que CNN siga usando el antichavismo como eje transversal de su programación. Pero es peor que todavía haya gente de buena fe que les crea por la falsa objetividad de su manejo y la aparente inocuidad de su fraseología. Veremos lo que pasa con el tema de las “sanciones” norteamericanas en el segundo round del golpe “suave” y si seremos capaces de descubrir toda la carga de odio que quieren meter en nuestros cerebros con sus matrices de opinión contra la verdadera emancipación de América Latina.