Jorge Eduardo Arellano
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Los pocos comentarios que sobre el café da la Bolsa de Nueva York (NYBT) severamente señalan que el precio del mismo no se está formando siguiendo el mecanismo clásico del mercado capitalista de oferta y demanda, sino que se forma fuera de él por razones macroeconómicas y macrofinancieras que le son ajenas. Desde el 20 de octubre la NYBT no menciona del todo este rubro --que después del petróleo por su volumen es el más importante -- o, por no dejar, los comentarios son meras perogrulladas. En breve, los precios del café se están formando fuera del mercado del café en medio de una dislocación económica sin precedentes en la historia y debido a una gigantesca burbuja financiera sin respaldo material.

El café, siendo en Nicaragua el principal rubro de exportación, el mayor creador de empleo y teniendo la mayor incidencia en el PIB, ningún Gobierno puede darse el lujo de permitir que se juegue con sus programas de Hambre Cero, es decir, con el hambre del pueblo. Las medidas tomadas por el desgobierno de Bush favorecen a los especuladores causantes del marasmo, penalizan a sus propios contribuyentes fiscales y exportan su crisis a nuestros países.

A los precios actuales los productores de café, particularmente los pequeños y medianos, están vendiendo a pérdida (costo promedio de producción por quintal es USD 110); vale decir que en términos nacionales Nicaragua está exportando riqueza con valores reales, pero para los productores significan pérdidas con la apariencia para el país de importar dólares (devaluados).

Los que sí tienen exuberantes ganancias son las casas exportadoras, particularmente las más grandes y conocidas. Éstas, cuando los precios giraban en torno a USD 150 se negaban a fijar precios, pero ellas sí fijaban internacionalmente, provocando así una alucinante concentración de ganancias restringiendo como consecuencia la demanda agregada nacional.

Por otra parte, las financieras y microfinancieras cobran intereses hasta del 60% anual, sin incluir comisiones de desembolso, respaldadas por la Superintendencia de Bancos e hipotecas de primer grado sobre las propiedades terminan por ahogar inexorablemente al productor.

¿Qué hacer? Lo único que está al alcance de las autoridades nicaragüenses, a saber: que el Consejo Nacional del Café (Conacafé) prohíba la exportación de café y que convoque a sus pares centroamericanos para tomar igual medida de restricción. Es decir, que se estaría reduciendo a nivel mundial la oferta de la variedad de café Otros Suaves.

Sin duda que sólo con el rumor el precio del café en la Bolsa de Nueva York se iría para arriba. Así opera la OPEP. A su vez, el Gobierno debería tomar otras medidas paralelas como la de liberar las propiedades del café en manos del Banco Central y financiar a bajas tasas de interés el dinero adelantado por las exportadoras a los cafetaleros.

Ésta es una medida patriótica, Gobierno y productores lo pueden hacer en conjunto. No hacerlo sería traición a la patria.