Jorge Eduardo Arellano
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Los mañanas de los electos son enfrentamientos con un mundo que cambia a diario y que les obliga a tomar decisiones pragmáticas y ajustadas a la realidad del momento, a veces frustrando a un electorado que, aun con las experiencias del pasado, sigue con el sueño de ver realizadas las promesas de las campañas. Lo único que mitiga este duro despertar es la entereza, la fortaleza del líder que al transformarse en Estadista continua luchando por sus ideales, sus promesas y el bienestar de su pueblo.

Si los funcionarios electos fuesen ciudadanos de principios, buscarían maneras de responder a las realidades del momento, de poner en práctica sus sueños, que a través de los años han venido hilvanando. Aquello que al soñar despiertos decimos: “Si yo llegara a ser Presidente haría tal o cual cosa por mi pueblo”, “Si yo llegara a ser alcalde…”, que ningún compromiso político debería de quitar.

Pero hay algo más poderoso como resultado de cualquier elección política: votar, el ser participe de un posible cambio o de mantener el status quo. La ola ciudadana que desea un cambio, esos millones de seres humanos que fueron a las urnas electorales convencidos de que necesitamos un giro de timón, tendremos la satisfacción de haber comenzado la lucha hacia un futuro con esperanza.

La gran mayoría estamos empachados de las opiniones pesimistas que nos auguran nubarrones y de los que están acomodados con el status quo, de los que no avizoran ni desean cambios. Pero no será así, habrá cambios y profundos, porque así lo demanda esa juventud que envió su mensaje claro y contundente en las urnas, ya que tenemos muchas décadas en que hemos ido como el cangrejo, un paso adelante y tres atrás.

Algunos dicen que la política de Estados Unidos hacia Cuba no cambiará, ignorando que la opinión pública tiene mucho valor, y más aún cuando esa opinión ha sido avalada por una mayoría de votos que le dicen a la entrante Administración de Obama, ¡Basta Ya! Es un mensaje que no solo abarca la política hacia Cuba, sino hacia el mundo, ya que no pueden seguir en confrontaciones y menos aun con nuestros amigos, basados en aberradas decisiones de políticos que no han logrado la democratización de la isla, ni la pacificación de Irak o Afganistán, y tampoco dejan, en el caso de Cuba, que los cubanos de aquí y de allá busquen su libertad y progreso a través de un intercambio y acercamiento.

Definitivamente las elecciones en los Estados Unidos traerán cambios hacia nuestros países, pero no en la forma en que muchos de nuestros autoritarios gobernantes quisieran, ya que si hay algo que está arraigado en el grupo de jóvenes que tomarán el mando, es que no se puede eliminar la pobreza mientras exista corrupción, y que no podremos progresar sin educación y sin salud y, menos aun, sin democracia.

Así también habrá cambios en cuanto a las políticas con gobiernos que en los últimos años se han ignorado o subestimado, ya que sin democracia y progreso los pueblos desesperados seguirán buscando refugio en países desarrollados y democráticos, como los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, donde ya esto ha creado un problema interno.

Asimismo, los países libres del mundo se resienten a seguir contribuyendo a la riqueza de unos cuantos corruptos, creadores de la miseria y dolor de sus pueblos.

Todo lo anterior va a crear una reevaluación de los funcionarios responsables de las políticas exterior e interior de los Estados Unidos, ya que el electorado ha dado un claro mandato para que la Administración Obama elimine el temor del pueblo americano en cuanto a la pérdidas de sus derechos civiles; rescate la imagen de un Tío Samuel (Uncle Sam) simpático, amigo y protector y cambie la mentalidad de ciertos funcionarios, especialmente en el exterior, algunos de los cuales se creen PRO CÓNSULES de un Imperio que solo ha existido en sus mentes, ya que ellos, al regresar a sus casas, se convierten en un ciudadano común y corriente, que toma el Metro, que convive en vecindarios donde el espíritu de cooperación es la forma de vivir.

Hasta la próxima semana con El Archivo XVI.