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EL CAMBIO EMPIEZA POR MÍ

Me llamo Antonio y tengo 31 años. Desde que era niño mi padre se portaba en forma bien machista y destructiva. Nunca nos desamparó económicamente, pero era frío, no se comunicaba con nosotros y era violento, le pegaba a mi mamá y eso me enojaba, porque no podía hacer nada. Era un hombre promiscuo, con tres familias más fuera del matrimonio.

Aunque trabajaba, tomaba mucho y comía todo lo que le hacía daño y cuando llegaba tomado nos ponía a formar con mis hermanos como soldados y como castigo nos ponía adoquines en la cabeza. Una vez me golpeó con el puño solo porque no había botado la basura y como me corrí, me lanzó una piedra que si me hubiera dado me mata.

Esa vida que llevaba lo enfermó y murió a los 48 años de diabetes. Yo lo odiaba, pero cuando murió sentí un gran dolor. Luego me comencé a descarriar, empecé a consumir piedra, marihuana y cocaína, a tomar bastante. Me metí a una pandilla del barrio y peleábamos los fines de semana contra las otras pandillas con morteros, machetes y piedras. También robábamos en las noches a la gente que pasaba o nos metíamos a las casas. Una vez me agarraron los de otra pandilla y me golpearon hasta dejarme desfigurado. En otra ocasión, caí preso y en la cárcel juré que no iba a consumir más drogas.

En esos tiempos, una tía mía que visitaba al Ceprev me invitó a un taller que me hizo reflexionar, porque tomaban en serio mis problemas y mostraban sinceridad e interés en mi vida. Me motivaron a estudiar una carrera técnica y terminé electricidad residencial y luego por ser buen estudiante me becaron para estudiar computación. Después aprendí a manejar y me dediqué a trabajar como conductor de buses. Mi vida cambió en muchas formas, por ejemplo podía tener empatía con las demás personas, ser solidario, actuar como un hombre que se ha olvidado del machismo.

Mi cambio comenzó al mejorar mi autoestima. Al reconocer que tenía problemas conmigo mismo. Si antes robaba, ahora aborrezco eso. Antes discutía mucho con mi madre, le hacía la vida imposible y ahora la comprendo, porque aprendí que la violencia no deja nada bueno. Antes caminaba sucio, sin bañarme y con la misma ropa, pero hoy me aseo y mi aspecto es diferente.

Después de todo este proceso, desde el año 2000 me he dedicado a ayudar a otros jóvenes que pasan por la misma situación que yo viví. Actualmente pertenezco a un movimiento que se llama Jóvenes por la Paz, afiliado al Ceprev. Realizamos encuentros mensuales y hablamos de los cambios que hemos logrado, detectamos a los jóvenes que tienen más problemas, para apoyarlos a cambiar. Por ejemplo, he logrado que tres jóvenes de mi barrio dejen la violencia y la piedra, y ahora ellos trabajan aunque sea en labores informales. Esto alegra mi corazón porque mi experiencia está ayudando a otros.

Hemos organizado en el barrio ligas de fútbol relámpago, formé un equipo de fútbol de mujeres y otro de ballet cultural. He tramitado becas de estudio para cinco jóvenes que ya se graduaron. Reúno mensualmente a los muchachos de mi barrio para impartirles charlas de convivencia personal y familiar, autoestima y como superar el machismo. También organicé un comité de diez personas para trabajar por la vida y la seguridad de las mujeres. Con ellas logramos que dos muchachas dejaran de recibir violencia de su marido, invitando a las parejas a las charlas y a recibir consulta con las sicólogas del Ceprev.

Puedo decir sinceramente que siento una paz en mi alma, al ver lo que era antes y lo que soy ahora. Con mi pareja antes peleábamos y ahora buscamos el diálogo para resolver nuestros problemas. A mi hija la guío con buenos consejos y con el ejemplo, no la golpeo ni le grito como hicieron conmigo; no soy perfecto, pero soy un padre y un compañero amoroso.

Quiero aprovechar esta oportunidad para instar a los jóvenes y también a los adultos a que busquen el cambio, primero a nivel personal porque esa es la llave, reconocer que uno mismo está mal, para luego dejar lo negativo, sacar todo lo positivo que uno lleva dentro y compartirlo con las demás personas.

 

(La autora recoge testimonios de personas atendidas por el Ceprev que desean compartir sus experiencias de cambio)