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Los mandatarios de Rusia, Kazakstán y Bielorrusia se reunieron hace 12 días, en Astana, la capital bielorrusa, para darle curso a la Unión Euroasiática.

Sin dudas, es un evento extraordinario por varias razones: 1) la idea, aunque ejecutada por el presidente ruso Vladimir Putin, es un viejo pregón fascista enunciado por un nacionalista ruso llamado Alexander Dugin; 2) esta propuesta de Moscú geopolíticamente pretende contrabalancear a la Unión Europea y a la alianza militar atlántica (OTAN); 3) es también un intento para reinventar una Unión Soviética, más siglo-veintiunesca, que preserve la cultura eslava, el antiliberalismo y el antioccidentalismo; 4) manifiesta el interés del Kremlin de formar una unión económica igual que las alianzas occidentales y las potencias de Oriente: China, India y Japón (¡y muy pronto, Corea del Sur!); 5) responde a una estrategia militar y económica para reflejar y asentar el carácter geográfico de Rusia en los asuntos políticos: entre Europa y Asia; 6) revela, en las palabras del propio Putin: “que ejemplifique los mejores valores de la Ex Unión Soviética”; 7) y aunque no parezca, es una idea lúcida para instituir una hiperpotencia que le dé un peso global a la iglesia ortodoxa rusa. Con ello la nueva Guerra Fría del siglo XXI tendrá matices culturales y religiosos. ¡Confirma la tesis huntingtoniana!

Esta idea, como tal, es genial. Lo difícil será ver su desarrollo fructífero y pleno.

¿Cuántos más se animarán a seguir a Moscú? En lista de espera están Tayikistán, Kirguistán. Pero los precursores son regímenes autocráticos. Entonces, ¿por qué le seguirán si no son un ejemplo de democracia?

¿Y cuando los chinos hagan su unión… convocarán a Taiwán, Malasia, Singapur y quiénes más?

La Unión Europea tiene ya 28 socios. Y hay más esperando unirse, de Occidente, Oriente, incluso África.

Los voceros de la Unión Euroasiática divulgaron una agenda común de comercio, cultura, seguridad regional. Pero esos son los objetivos fachada. Hay tramas y ardides de fondo.

Desde la perspectiva coyuntural, esta unión surge al momento en que Rusia invade Crimea. Por tanto, ¿esto puede verse como fase 2, cortina de humo o medida calmante de Putin?

Y esa puede ser una espada de doble filo para Moscú. Porque si la crisis ucraniana desemboca en un conflicto mayor, con tantos nacionalistas rusos (¡que llegaron a esas repúblicas expulsados por José Stalin!), estos ahora se convertirán en una bomba de tiempo para los países que les acogen y estén en la alianza eurasiática.

Este factor le ha servido como excusa a Rusia para desear re-sovietizar a sus vecinos. Es la carta blanca para poder intervenir en las repúblicas colindantes e implantar regímenes aliados. ¿Es parte esto de una doctrina de Putin de reexpansionismo ruso? ¿Desea Obama reimplantar la doctrina Roll-back, impulsada por Eisenhower?

Por otro lado, un surgimiento de una unión de apenas unos 170 millones de personas significaría muy poco comparado con las poblaciones de China: 1,600 millones; India: 1,100 millones; Estados Unidos: 340 millones. Geográficamente, sí tendría un valor magno.

Lo paradójico de esta idea —de origen fascista— es que ahora es una tabla de salvación para una potencia que abanderó por decenios un antagónico socialismo. Y pretende usar la fuerza para establecerse como un actor que no ha envejecido; está deseoso de expandirse, crecer y recuperar a los hijos adoptivos que una vez crio, sin muchas libertades, en un entorno de vecinos prósperos, respetables.

El nacimiento de la Unión Euroasiática será el 1 de enero del 2015. La inscripción está abierta. ¿Los que se sumen albergarán el mismo temor del siglo pasado? Rusia solo atemoriza a muchos por su tamaño; y atrae a muy pocos, por lo magro de sus ofrecimientos.

¿Qué rutas suspicaces siguieron otras grandes potencias? Europa: el comercio, el colonialismo, la ciencia y la cultura; Estados Unidos: la democracia, el mercado libre, las intervenciones y las invenciones tecnológicas; Japón: el comercio, su tecnología e industrias, y la cooperación internacional; China: el comercio global, su profunda cultura y su barata tecnología ligera.

Sin dudas, este será un hito geoestratégico que convulsionará la agenda política internacional. Pero Rusia está demostrando que, cuando se trata de prevalecer, sus aliados son pocos; hace gala de la diplomacia en Occidente; y de la fuerza en el Oriente (¡su patio!). Y muestra su gran talón de Aquiles: pobre desarrollo tecnológico, moderado avance científico, débiles consorcios corporativos y poco interés en ser simpático con gentes de otras culturas.

En Moscú están intentando revivir a la ex-URSS. ¡Ojalá no intenten revivir a José Stalin!