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Estados Unidos invirtió 5,000 millones de dólares para organizar el golpe de Estado en Ucrania, según su canciller adjunta, Vicky Nuland. La Unión Europea había intentado por las buenas que Ucrania se incorporara a esa comunidad continental, en crisis económica, firmando un acuerdo de asociación.

El trío EE.UU., UE y OTAN sigue aplicando su doctrina estratégica de inicios del siglo XX, revitalizada con la Guerra Fría, de acosar hasta el límite a dos grandes países: China y Rusia, ricas fuentes de recursos naturales.

Los imperialistas de la Tierra continúan a la caza de fuentes energéticas y alimentos; la avaricia capitalista los lleva a arrebatar, por medio de guerras, petróleo, gas natural y producción agrícola. Ucrania (territorio de la frontera, en eslavo) es rica en esos recursos, así como en carbón y hierro. Era llamada la canasta de pan de Rusia porque posee las tierras más fértiles de Europa, tierras negras, ricas en humus. La producción de alimentos y el agua, además de los combustibles fósiles y el gas natural, son suficientes razones para invadir, bombardear o sabotear a cualquier país maldito por tenerlos en el suelo y el subsuelo.

Diez millones de trabajadores del sureste ucraniano son el blanco de las empresas capitalistas europeas, que en medio de la crisis económica esperan contar con más mano de obra barata. Chevron calcula sus primeras inversiones en más de 10 mil millones de dólares. Monsanto, la golpista de Paraguay, prepara sus tentáculos para expoliar las paradisíacas tierras ucranianas.

Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria y todo país bombardeado en nombre del libertinaje antidemocrático —parafraseando a Eduardo Galeano—, se vuelve invariablemente por obra de la tríada EE.UU., UE y OTAN, manicomio o cementerio.

Mientras tanto, China durante este año superará a EE.UU. como la primera potencia económica mundial, según el Financial Times, de acuerdo al poder adquisitivo de sus habitantes y el PIB, algo que los expertos calculaban que ocurriría en 2019. La política guerrerista, aun con los drones de Bush y Obama, con más de tres mil víctimas y 50% de civiles inocentes, no es la mejor manera para competir por liderazgo de la economía mundial.

Este es el holocausto tácito del capitalismo, como lo llama el profesor Nafeez Ahmed, en The Guardian, quien señala que desde 1945 la continua expansión del capitalismo global fue el resultado de más de 70 guerras intervencionistas contra diferentes países en vías de desarrollo, para lograr las condiciones políticas de sus mercados, permitir la penetración del capital occidental y dominar los recursos naturales y a la fuerza laboral.

Ahmed cita al historiador británico Mark Curtis, quien calculó que la expansión del capitalismo en el mundo causó la muerte de 10 millones de personas. Aunque el economista de EE.UU., J. W. Smith, dice que fueron entre 12 millones y 15 millones las muertes violentas; y que son centenares de millones los que murieron porque la guerra imperialista para diseminar el capitalismo global causó la destrucción de sus economías y su hábitat, desde 1945 hasta 1990.