Jorge Eduardo Arellano
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Es impresionante la forma en que el periodista de Radio “La Primerísima”, compañero William Grisgby, desenmascaró la burda trama de la derecha política formada por los liberales del PLC y los nuevos miembros del VCE que antes se hacían llamar “renovadores”. En su programa de opinión “Sin Fronteras”, el periodista Grisgby señalaba que la estrategia de la derecha de cara a las elecciones municipales, unida por oportunismo político ya que una parte de ella representa a la rancia oligarquía que se resiste a dejar sus privilegios de clase (Eduardo Montealegre, los Chamorros, los Pallais, los Benard, etc.) y, la otra, a los lame botas de esa rancia oligarquía que no los termina de reconocer como hijo, ni siquiera como hijos putativos (los Alemán, los Navarros, los Torres, etc.), era crear en la opinión pública por medio de la propaganda mediática que le facilitan medios como La Prensa, EL NUEVO DIARIO, y los canales de televisión el 8, el 2, el 10 y el 12, la idea de que se estaba fraguando un “fraude electoral”, claros de la fortaleza del Poder Ciudadano que representa el FSLN.

Efectivamente, todos los periodistas de estos medios, sus editorialistas y todos los que son, se dieron a la infame tarea de señalar sin fundamento alguno, sin pudor algunos, considerándose dueños de la verdad, de su verdad egoísta, de su verdad de clase, que venía el fraude, que el fraude ya está llegando. Fraude en León, decían unos; fraude en Managua, decían otros, y todos como loros viejos con una lección aprendida repetían: ¡Fraude! ¡Fraude! ¡Fraude! Y de esa estrategia participaban alegremente los que hoy quieren vivir de la historia, como Dora María Téllez, Hugo Torres, Víctor Tirado López, Víctor Hugo Tinoco, así como el hijo de casa de la oligarquía, el conservador Edmundo Jarquín. Todos coincidían en algo: estaban claros de que el FSLN se está consolidando a pesar de ellos.

Lo que estamos viendo en las actuales condiciones, una vez que han pasado las elecciones municipales, no es más que la continuidad de una partitura numerada; apostaron a perder con el señor Montealegre, en un claro afán de quitarle toda posibilidad de que se consolidara políticamente, querían restarle toda alternativa de sobrevivencia y para ello, con no involucrarse en su campaña bastaba. Ahora que Montealegre efectivamente perdió, denuncia el “fraude” (parecen decir), y éste, irresponsablemente, siguiendo la partitura, junto con el bocón de Quiñónez y el peor de todos los malandrines, Leonel Téller, hace el llamado a la violencia en las calles de Managua que ya dio como primeros resultados una persona inocente muerta y un joven que probablemente quede paralítico.

Montealegre se va a aferrar a este guión porque es la única posibilidad de salvarse del ostracismo político a que lo condujo su alianza con el reo Arnoldo Alemán, ya que lo que busca a toda costa es no hundirse en el pantano de la historia, quiere rescatar su imagen política señalando que fue víctima de un “fraude”, pero después de dos derrotas continuas frente al Frente Sandinista de Liberación Nacional, ni la Asamblea Nacional, en donde seguramente se va a refugiar, le servirá de consuelo. Este tipo ya es un cadáver político insepulto.

No debemos dejar pasar por alto que los sandinistas somos una organización política con fines y principios claramente definidos por los pobres, y eso no es una mera declaración, hemos estado y estamos dispuestos a defenderlos con nuestras propias vidas; sabemos perder y lo hemos demostrado en momentos en que teníamos las armas, los hombres y mujeres necesarios para ser autoritarios, pero no es ésa nuestra vocación. Entregamos el poder político en 1990, sin más trauma que el que nos causó a los sandinistas tener que entregarlo. Desde entonces hemos venido trabajando para reconquistarlo, y ahora que lo estamos logrando con esta gran victoria del pueblo y su vanguardia, se nos quiere acusar de fraude. Que cinismo el de la señora Rosa Marina Zelaya, hablar de fraude cuando fue precisamente durante su presidencia en el Consejo Supremo Electoral que se produjo el más grande de todos los conocidos desde las administraciones Somoza, que le dio por arte de su manipulación y no de magia, una diputación a su consorte con sólo 300 votos.

La victoria es del pueblo, la victoria es de los miles de sandinista que como hormigas laboriosas se entregaron de lleno al trabajo electoral desde hace muchos meses atrás, claros de que se le sirve al pueblo y sus más claros anhelos: la paz, el progreso, la reconciliación, el bienestar de las familias, la educación y la salud; por eso es que trabajamos y por eso es que seguiremos siendo militantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional.


Vamos por más victorias.

*Profesor, UCN.