Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Nos convoca cada cuatro años, para dirimir pasiones nacionales y deportivas. Participan pocos países, pero nos sentimos representados casi todos.

Es una de sus muchas curiosidades. Diferente a las Olimpíadas, donde concurren todos los países y participan los mejores deportistas. Los mundiales de fútbol son para pocos y seleccionados por regiones, no asisten todos los mejores futbolistas.

Otra particularidad: aunque juegan equipos de cinco continentes, los mundiales de fútbol son un duelo entre América y Europa. Únicamente selecciones de estas geografías han ganado todos y cada uno de los mundiales.

África, Asia y Oceanía no alcanzan aún calidad para coronarse campeones. Tampoco subregiones como Centroamérica o los Balcanes. Con dificultad equipos de estas áreas llegan a cuartos de final o a segunda ronda.

No obstante, cada Mundial es fenómeno global, espectáculo, caja de resonancia, fiesta total.

Solo el hecho de participar llena de orgullo a los países clasificados. Es así que alienta nacionalismos primarios, dispara extremismos, transforma el deporte en marcha militar.

Honduras y El Salvador fueron a una guerra patética por un partido clasificatorio. Cuando el Mundial de Argentina, la dictadura militar ondeaba banderas, mientras en sus cárceles torturaban y asesinaban presos políticos. Fútbol como anestesia a una población aterrorizada.

Pocas cosas tan fácilmente politizables como el deporte. El fútbol, el primero. Las protestas sociales en Brasil lo recuerdan. Cosas del subdesarrollo. Prestigio nacional a cambio de pobreza. Pero queremos la fiesta. Así somos.

 

az.sinveniracuento@gmail.com