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Recientemente, leí un artículo en la revista Estrategia y Negocios, que se titulaba: “¿Qué dicen los Nobel de Economía sobre la guerra contra las drogas?”, donde se planteaba una fuerte crítica hacia la ONU y su incapacidad de contrarrestar la problemática del tráfico de drogas, de la corrupción y la violencia.

Los Nobeles reclaman a la ONU que la “guerra contra las drogas” ha sido un fracaso rotundo debido a que su enfoque estratégico para la erradicación es “represivo y unidimensional”, donde los gobiernos simplemente se preocupan por incrementar el número de policías antinarcóticos en las calles. Un claro ejemplo es México, que por más agentes que despliegue en las zonas de conflictos, no pueden disminuir la violencia y el tráfico de drogas. Usan una estrategia que intenta atacar la raíz del problema directamente, cuando ya se sabe que tipo de conflictos sociales requieren ser vistos de una manera más integral, es decir, desde un enfoque más pluralista.

Ciertamente, el artículo de la revista antes mencionada se puede extrapolar a otras problemáticas sociales como lo es la pobreza. En Nicaragua y en muchas partes del mundo entendemos por pobreza, la incapacidad monetaria de un individuo de poder adquirir los bienes y servicios mínimos para su bienestar.

Desgraciadamente este concepto se queda muy corto en visión y por lo tanto las políticas que pretenden contrarrestar la pobreza se crean en función a una sola variable: el dinero. Pero al igual que las drogas, este planteamiento directo y unidimensional solo aborda uno de los tantos aspectos que influyen en el empobrecimiento de las personas. ¿De qué sirve que una persona de bajos recursos mejore sus ingresos si no tiene acceso a agua potable, salud o no trabaja bajo condiciones de ser humano y que viva en un país donde se le reprima o que no cuente con educación básica?

Todas estas variables indican que alguien puede ser pobre de múltiples maneras y no solo por ingresos. Sin duda alguna, mejorar los ingresos de los pobres es un gran avance ya que sus estándares de vida mejoran, pero no se erradica totalmente el problema. Tenemos que entender que el fenómeno de pobreza, afecta y no solo desde los ingresos.

Hay que crear políticas que promuevan trabajos, pero no nos olvidemos de crear aquellas políticas que velen por la educación y la salud, por el mejoramiento de los servicios básicos y de la infraestructura, por el reforzamiento de los derechos humanos y también por las de concientizar sobre la contaminación ambiental.

Me atrevería a decir que también inculquemos y transmitamos valores y principios a las familias, ya que de aquí emerge otro tipo de pobreza, pero de índole más moral como es la violencia. Recordemos que no solo se puede ser pobres en dinero, sino también en salud, educación y hasta en amor por la Patria y por uno mismo.