Jorge Eduardo Arellano
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Así se llama el libro que distribuirá el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, INCH, en su sede de Las Colinas el miércoles 12 de noviembre a las 6:30 p.m. Están invitados. Como adelanto ofrecemos el prólogo:
“Cuando me senté frente al ordenador con la intención de realizar este compendio, entendí que mi vida interior hasta la recta actual, que plata ha puesto en mis sienes de ya ralas abundancias, es una suma de querencias, deseos, amores y fracasos, un híbrido de pasajes de mi propio bolero al compás del existir, que por gracia de Dios me ha dado alegrías y deseos de poner mi vetusto Víctor a 78 RPM para quienes al leer las páginas por venir hallen trazos de sus propias vidas, hechas al igual boleros.

Y es por ello la fascinación por el centenario ritmo caribeño que tuvo origen cubano y nació para formar con Cuba un triángulo perfecto junto a otros dos ángulos de iguales grados: México y Puerto Rico, más algunas tangentes caribeñas como Panamá y Avelino Muñoz en Irremediablemente solo, Nicaragua con Rafael Gastón Pérez y Sinceridad, República Dominicana adosada a Luis de Kalaff y su Aunque me cueste la vida, y Venezuela más Escríbeme de Guillermo Castillo Bustamante. El bolero somos nosotros, por ende nos identifica.

Después dejó el Caribe y sus naciones para derivar gaucho, chileno y demás. Y debió ser así, americano cervantino, imaginativo, metamórfico, ambivalente, andrógino, erótico y metafórico como este hasta ahora escrito, para captar el discurso amoroso: “Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez” (Bésame mucho), inocentón: “comenzó por un dedito y la mano agarró, se trepó por un bracito y al labio llegó. Y de un beso al estallido, de amor adormecido, cambió de pronto el juego, en el más dulce amor” (Cariñito azucarado), o pecaminoso: “ya ves que venero, tu imagen divina, tu párvula boca, que siendo una niña, me enseñó a pecar” (Piensa en mí).

Más su disertación es poesía, modernismo preciosista de Rubén cuando su Venus Citerea del poema de 1885 Amor, Lumen, que Darío derivó así de Citera, la isla griega del amor, de Afrodita Anadiomede la amante del amor, sufre otra metamorfosis para ser de Citeres, de nuevo en el manejo de Rubén en su obra Marina y también de Rafael “El jibarito” Hernández en su bolero Perfume de gardenias. Es más, en éste la virginidad que es corporal pasa a ser del alma y pura, como afirmación modernista y juego metafórico entre palabras. Cantemos con el boricua Rafael su
bolero:

Tu cuerpo es una copia,
de Venus de Citeres,
que envidian las mujeres,
cuando te ven pasar.


Y llevas en tu alma,
la virginal pureza,
por eso es tu belleza,
de un místico candor.

Y de nuevo Rubén, Martí, Amado, Rufino, Manuel Gutiérrez Nájera, quedarían embelesados con Agustín Lara y sus decires modernistas como alabastrina, de alabastro, un mármol pulcro y terso; como sonatina que vibra y es además pasional, como el perfume de un naranjo, pero en flor…, y el altivo porte de una majestad, cual Marcha Triunfal. Oigamos a Lara en su bolero, Mujer:

Mujer, alabastrina,
eres vibración de sonatina pasional.

Tienes el perfume de un naranjo en flor,
el altivo porte de una majestad.


Pero también entra el mundanal ser, del hijo que se va para la guerra y en DESPEDIDA deja solita a su mamá y preocupado por ¿Quién la socorrerá si enfermara?; o aquello que cambias tus besos por dinero, más Toña La Negra de gata uñuda y macha:

DE MUJER A MUJER lo lucharemos,
a ver quién vence y así se queda
con su dulce querer.

Y si me logra vencer,
en mi agonía, usar podría
de mis recursos, como tiene que
ser.

Y el arrabal con la Aventurera, Hipócrita, Perdida, Infiel, y la mal agradecida cortesana cabaretera:

Vuelve allí cabaretera,
vuelve a ser lo que antes eras,
en aquel pobre rincón.


Allí quemaron tus alas,
mariposa equivocada,
las LUCES DE NUEVA YORK.


Sin embargo, el discurso bolerista que fue propio del hombre por sus acechos de amor hacia la mujer en épocas de pecado por sólo enseñar las piernas, aún accidentalmente, de pronto se convirtió en vehículo de protesta por los iguales derechos de la mujer a seducir al ser amado o imaginario con boleros cargados de amor libre, mundanos y eróticos. Y brotaron grandes estrellas femenil de la creación como María Grever, Consuelo Velásquez, Myrta Silva y Margarita Lecuona, por mencionar algunas. Sus aportes dieron más vida al género amado y así es que:
El bolero sin pasión no existe como la vida sin amor no es vida y lleva las huellas culturales de las razas que cundieron nuestra América como la guitarra española en los tríos, el piano, violines e instrumentos de viento europeos en las orquestas; como las sonajas indias y las quijadas de animales o tambores africanos y sus variantes: drum, tumbadoras o congas, maracas y bongó, en los sensuales antillanos.

Y no apartemos las maravillosas voces con estilos y colores particulares, entonces requeridos para poder triunfar y dejar a la posteridad sellos propios e irrepetibles. Así lo hizo Daniel Santos con su fraseo fluctuante, la nasal grave de Bienvenido Granda, la voz andrógina de Bola de Nieve, los deliciosos vibratos de Panchito Riset o los gemiditos de María Victoria. Sí, el bolero somos nosotros y no me equivoqué cuando me coloqué frente a la iMac en mi apartamento de Caracas.

El tomo incluye además de sus letras e historias, cerca de 100 fotografías de personajes involucrados como son sus compositores, cantantes y orquestas. Asimismo, será ofrecido el día 14 en el Mercado de Artesanías de Masaya. Asista y disfrutará. Gracias.