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Antes de escribir este artículo había visto unas imágenes aterradoras y desgarradoras de Ucrania. Muchos nicaragüenses conocimos este país cuando era parte de la URSS y lo que sucede ahí era impensable. Pero mientras escribía, escuchaba y veía al señor Rod Stewart por YouTube cantar "A wonderful world” nada menos que en el Royal Albert Hall de Londres. Una canción tan bella para un mundo tan horrible como el que vivimos hoy día.

La verdad es que lo sentí tan desubicado al tipo ese y me obligó a preguntarme: ¿Qué largo y qué amargo será el camino de sangre, que Ucrania atravesará para llegar a las elecciones como en Siria, donde Assad barrió con más del 88%?

A mí siempre me ha dado gracia lo “respringadito” que se visten los diplomáticos tradicionales y lo rebuscado y cuidadoso que son en sus notas públicas y correspondencia diplomática. En otras palabras, son la cara bonita e hipócrita de lo anárquico del sistema internacional. Esa característica es la primera noción del sistema internacional que aprendemos en el estudio de las Relaciones Internacionales. Pero los idealistas se empeñan en la viabilidad del funcionalismo del sistema, vía la voluntad internacional contra la anarquía de los poderosos. Miren la triste realidad de los palestinos y la conducta de desacato histórico internacional de Israel.

Ucrania es otro tema que cansa, la guerra de desestabilización en función de la restructuración geopolítica global ya tiene harto a la comunidad internacional. La diplomacia multilateral y su retórica ya demostró su imposibilidad. Los discursos de ministros de relaciones exteriores occidentales con sus términos rebuscados pretenciosos de pasar a la historia y ser estudiados más que risa, causan desagrado.

Por eso, la “famosa y tan pomposa preocupación occidental” en materia del uso de la fuerza contra la población muy difundida por el monopolio global mediático en las también mal llamadas revoluciones de color y primavera, se vino abajo. Cuando me refiero a Occidente, no abordo parámetros culturales sino a la coalición militar que dirigen los EE.UU. en conjunto de su brazo armado en Europa, la OTAN.

La tragedia y desgracia que hoy ennegrece a Ucrania y la que recién comienza de nuevo en Irak, es parte de los planes de expansión neoimperial de las élites occidentales a largo plazo en pro de procurar un siglo bajo el poderío económico, político y militar norteamericano a través de la instalación de "zonas de poder controladas".

Por eso, ¿qué importa que Kiev bombardee a su población con fósforo blanco y cometa genocidio con aquellos que están proponiendo hacer de Ucrania una federación o quieren anexarse a Rusia por su vinculación cultural con esta? La verdad es que para Occidente eso no importa. Lo que importa es tener una punta de lanza en las costillas de Rusia. Los intereses geoestratégicos, valen más que la vida humana. No importa cuántas se pierdan, ni el sufrimiento. El derrocado presidente ucraniano Yanukovich parece ahora un niño travieso en comparación con la barbarie dirigida contra la población prorrusa en la Ucrania de hoy.

¿Por qué la retórica utilizada en el Consejo de Seguridad de la ONU para la instalación de una zona de exclusión aérea ante el uso indiscriminado de la fuerza contra la población en Libia no es la retórica de hoy en Ucrania? ¿Por qué esa misma retórica que se pretendió usar en Siria y fue bloqueada por el veto ruso y chino, no se emplea hoy en Ucrania? Más bien le han facilitado ayuda económica para mejoramiento de las capacidades militares al gobierno de Kiev.

España con todo y lo empobrecida y hambrienta envía una cuadrilla de aviones de combate cerca de la zona, y no tardarán otros como Portugal e Italia en hacerlo mientras sus pueblos agonizan en crisis en el “wonderfull world” que cantan los rubios como Rod Stewart.

* Analista