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Cuanta angustia nos provoca saber que nos aproximamos a la tercera edad, es decir, superar los 65 años. El ser humano es como el carro que, despacio y bien cuidado, puede llegar lejos, aunque irónicamente, nos preocupamos más del mantenimiento trimestral de aceites y alineado, anual de la carrocería y el motor, que de nosotros mismos.

Cabe preguntarnos entonces: ¿nos hemos encargado de fomentar nuestro envejecimiento saludable? Seremos a los 70, lo que fuimos a los 15, 20 y 30, es decir, en nuestra etapa de mayor vitalidad y energía. ¿Qué tan saludable nos alimentamos?, ¿cuánta actividad física hicimos?, ¿evitamos los tóxicos legales y adictivos que merman nuestras capacidades futuras, como tabaco, alcohol y otras sustancias?

La evidencia epidemiológica en población anciana nos alerta de lo siguiente: 2-3 de cada 10 son hipertensos; 1 de cada 10 son diabéticos; 3 a 4 de cada 10 presentan artritis reumatoide o algún proceso musculo-esquelético incapacitante; casi 3 de cada 10 presentan problemas respiratorios entre moderados y severos por causa del tabaco (bronquitis crónica, enfisema, cáncer, etc.). Además de muchas patologías de tipo laboral ante la falta de programas de salud-medicina ocupacional que promuevan planes de prevención de enfermedades por exposición a diferentes factores de riesgo: neumoconiosis, dermatitis, insuficiencias circulatorias, trastornos gastrointestinales que van desde dispepsias o colitis hasta cáncer gástrico.

De igual manera, las enfermedades de tipo neuropsicológicas son muy frecuentes en esta etapa de la vida debido al proceso normal de envejecimiento cerebral así como a la falta de programas de fomento de una vejez saludable: grupos de ayuda mutua, clubes, fomento de gimnasia física y cerebral, etc.

Conociendo de las últimas noticias sobre cobertura de Seguridad Social en la población, es de esperar que el Instituto de Seguridad Social (INSS), y las diferentes Empresas Médicas Previsionales tengan entre sus planes la creación de sistemas de prevención y fomento para quienes aportan cotizaciones mientras laboran. Planes que deben considerar aspectos físicos y mentales: ejercicios, fisioterapia, terapia cognitiva, etc.

Leer, escribir, dibujar, crucigramas, sudokus, ajedrez, son entre otras las recomendaciones de terapias para fortalecer los aspectos cognitivos. Recordemos que la demencia es un proceso muy frecuente en estos segmentos de población. Entre 65 a 84 años, las probabilidades son de menos de 4-6% de presentarla, pero que incrementa hasta un 50% al cruzar la barrera de los 85 años, donde 1 de cada 2 “sobrevivientes”, puede presentar Alzheimer u otra demencia.

Una alerta actual es que la pirámide poblacional está variando, aumentando el número de personas de mayor edad y disminuyendo los más jóvenes, por diferentes razones (natalidad disminuida, aumento de expectativa de vida, etc.), observándose que los aportadores a la Seguridad Social disminuyen y aumentan los demandantes de pensión.

Estamos a tiempo de preparar las condiciones para aprovechar las oportunidades que nos da la llamada brecha generacional y empezar el ensayo-error para lo que nos depara el futuro tan inmediato como es el de las 3-4 décadas próximas.

* Médico