Jorge Eduardo Arellano
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Las conquistas militares del grupo yijadista “La República Islámica de Iraq y el Levante”, en el territorio iraquí, dejan abierta la posibilidad de que estos insurgentes establezcan un califato en los territorios conquistados. Ello permitiría que otros Estados árabes opten por esa forma de organización antigua, y pone en entredicho tres cosas: 1) la validez de la democracia en otras tradiciones y culturas; 2) el grado de sostenibilidad de los regímenes derivadosde una intervención occidental en Oriente; 3) la tradicional estructura de pocas alternativas al sistema occidental de Estados-naciones.

En primer lugar, la democracia, a pesar de ser un método de resolución de las diferencias políticas, no parece encajar en algunas naciones árabes, asiáticas y africanas.

Hay excepciones: Jordania es un país ejemplar, muy estable; Marruecos no da problemas, combinando monarquía y un parlamentarismo limitado, y Egipto, hasta hace poco, estable, ahora es un régimen militar intolerante que supervisa elecciones y controla las calles, aunque sigue sin encontrar sosiego.

Arabia Saudí y Argelia son regímenes con instituciones copiadas de Occidente. En el fondo, son regímenes autoritarios, pero mantienen algunas características de los Estados-naciones occidentales.

Es verdad que Omán es un sultanato; Catar, un emirato, pero ajustados a algunos cánones internacionales.

Personalmente, respeto mucho los valores occidentales, pero el universo no se puede limitar solo al logos griego y a algunas conceptualizaciones establecidas por Copérnico, Descartes, Kant y Locke.

¿Por qué no puede haber algo o mucho de verdad en Lao Tze, Buda, Averroes, Confucio, si ellos también fueron seres de mente, de espiritualidad o de sensibilidad de primer orden? Tal vez sus obras no fueron tan copiosas como las de Aristóteles o los aportes científicos de Galileo Galilei, los Curie o Einstein, pero por su influencia o visión del mundo, muchos estarían dispuestos a morir.

Bertrand Russel diría que solo Occidente ha demostrado hacer ciencia, pero nuestra ciencia ha demostrado tener desaciertos y errores. ¿Cabe la fe o la espiritualidad como recursos válidos o alternativas epistemológicas?

¿Quién decide cómo se llega a la verdad?

En cuanto al recuento de la intervención en Iraq, todo es simple. Se capturó Saddam Hussein y fue juzgado; los soldados norteamericanos se quedaron años, pero el tribalismo produjo caos, y los reformistas buscaron instituciones libres y duraderas con democracia.

En Afganistán ocurre igual. No hay estabilidad. Existe una amenaza de convertirse en Estado fallido, porque hay zonas en poder de Al-Qaeda, o donde los conflictos étnicos solo producen caos y zozobra.

Lo cuestionable es que los inventores de la democracia la venden sin comprender los contextos culturales ajenos. Y la monitorean como si fuera un artefacto sin garantías y mucho cuido. Ello choca con el sentimiento nacionalista.

A ese respecto, no creo que Giuseppe Garibaldi (en la pre-Italia) haya tenido simpatías por franceses o por austriacos; o los seguidores del Cid hayan querido celebrar los hitos culturales de los invasores moros. Igual sucede hoy en Gales, en Cataluña, en Flandes, en el País Vasco.

Pero, ¿por qué Europa merece otro enfoque u óptica?

Robert Kaplan discutía que el derecho internacional es más para resolver los problemas occidentales; y las intervenciones, el recurso para los aprietos con los subdesarrollados.

¿Dónde queda, entonces, la moralidad de enseñar la filosofía de Mills o Kant que tanto pregonan? ¿O es mejor recurso el maquiavelismo práctico y amoral?

Por otro lado, el surgimiento de un grupo más radical que Al Qaeda, con victorias militares contra un ejército iraquí, creado y armado por Estados Unidos, nos induce a creer que habrá más radicales aún; y que sobrarán quiénes les apoyen. Lo bueno es que Irán, bajo el moderado primer ministro Rouhaní, respalda al gobierno del Al-Maliki.

Si prevalecen formas de Estado antiguas como el Vaticano o el régimen teocrático de Irán, ¿por qué no tendría cabida ahora un Califato al estilo de hace 6 siglos?

Será difícil que Occidente acepte regímenes intolerantes y desafiantes de la democracia y de la libertad, ¿pero cómo podemos deslindar estos fenómenos de los aspectos culturales propios, que pueden tener aciertos, a pesar de la intolerancia en la que se gestan?

Históricamente, los califatos de Bagdad o de Córdoba hicieron enormes aportes a la civilización occidental en materia de astronomía, medicina, filosofía, matemáticas; además de múltiples aportes culturales.

¿Podemos afirmar que en la arena internacional todo es incierto? ¿La democracia es solo un ideal relativo? ¿El pasado y el presente se pueden juntar al azar? Y de repente, como si fueran energías que no desaparecen, ¿pueden alcanzar estados distintos y resurgir en cualquier forma o tiempo?