Augusto Zamora R.*
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Rara vez tenemos conciencia clara del peso de la geografía en la vida personal, social y de los Estados. Vivir en zonas costeras, desiertos o montañas crea dinámicas, culturas y hábitos distintos.

Tanto más pesa en países y continentes. América, por ejemplo, es un continente único. No porque sus habitantes o hábitats sean mejores o peores que los de otros continentes.

Es porque vivimos en el único continente aislado del mundo. Separado del resto por los dos mayores océanos del planeta. Fuera, hasta hace pocos siglos, de las rutas humanas.

África, por Gibraltar, está a diecisiete kilómetros de Europa. Asia, en los Dardanelos, a un puente. África limita con Asia y Asia está unida por infinitas islas con Oceanía.

Cinco horas de vuelo nos llevan de Europa al corazón de África. Se aterriza en varios países de Oriente Medio. Se alcanza Indochina desde Australia. Sudáfrica desde India.

Tras cinco horas de vuelo, desde Centroamérica, solo hallamos agua, agua y más agua.

Llegar a Madrid son diez horas en vuelo directo. Un tiempo similar requiere volar de San Francisco a Beijing. Entre Chile y Australia hay unas ocho horas de vuelo…

Este aislamiento ha tenido un impacto total en nuestra historia. De inicio, determinó que los pobladores provenientes de Asia perdieran todo contacto posterior con Asia.

La evolución de las culturas nace del contacto, el choque, la fusión con otras. En América tal proceso no se dio. El aislamiento explica los atrasos…

 

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