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He trabajado como conservacionista privado en mi tiempo libre por ya más de 15 años, en los cuales me ha tocado establecer algunas plantaciones propias y reforestar constantemente, pudiendo dar testimonio de la dureza de esa tarea en términos de su sostenibilidad.

No solamente involucra comprar y sembrar plantas, sino que establecer una planificación previa, el sistema de soporte logístico, acompañado de vigilancia, supervisión, riego en abundancia en la estación seca, cuido, caseo, poda, asesoría técnica, insumos, entre otras labores que hacen que dicho emprendimiento vaya más allá de la simple palabra reforestar.

Cuando uno lee noticias sobre las campañas de reforestación que se mencionan de vez en cuando, siempre me pregunto sobre su verdadera sostenibilidad, sus resultados finales, ya que un hecho comprobado que cuando las áreas a reforestar carecen de administración y salvaguarda, toda posibilidad de éxito se acerca al cero absoluto, ya que típicamente, la supervivencia de las plantas no pasa del primer verano.

Lejos de desalentar esas alegres excursiones, mi objetivo es compartir un poco las duras experiencias que me ha tocado vivir, con quemas, invasión de animales de pastoreo, destrucción de plantas en el transporte, lidiar con la maleza, plagas, entre otros perjuicios.

Para ser serios, fuese adecuado conducir un análisis y seguimiento de las iniciativas pasadas y actuales de reforestación, para ver cuál es el nivel de re-inserción de plantas que llegan hasta la edad adulta, ya que cuando se articulan estas actividades, existe mucho entusiasmo: niños y jóvenes, autoridades, periodistas, camisetas, gorras, etc., lo cual puede ser atractivo, pero hay que juzgar sobre lo que realmente se está obteniendo, ya que en los casos que he podido tener noticias por parte de encargados y técnicos, son solamente aspiraciones y buenos deseos, pompas de jabón.

Toda reforestación debe tener aparejada medidas de soporte que siempre hacen empequeñecer ridículamente la inversión inicial en las plantas mismas, siendo estas el componente más barato. Para toda acción de este tipo, hay que preguntar si la empresa o institución está aportando fondos adicionales para su monitoreo, mantenimiento y preservación: cuánto, cómo y con cuáles medios técnicos.

Estas iniciativas de ficción suelen ser una paradoja cruel con los resultados finales, convirtiéndose estas en una “photo op” o una oportunidad propagandística para consumo de medios, para decir que estás haciendo una loable acción corporativa o institucional, una esperanza hacia el futuro –el cual ya juzgo irreversiblemente desértico- lo cual es pecar de ingenuo, ante la monumental tarea que requiere en la vida real, que involucra una planificación seria desde diversos ángulos técnicos, incluyendo la prevención de los desbalances que podría causar una especie no nativa o sin articulación con el resto del ecosistema.