Jorge Eduardo Arellano
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Las elecciones generales de 1990 en Nicaragua fueron un parteaguas en nuestra historia política del siglo XX. Ellas inauguraron una nueva era en la cual los conflictos, reflejo de intereses diferentes, generalmente contrapuestos, se dirimirían en el futuro en el marco de una democracia que se ha venido construyendo día a día. El Frente Sandinista, en una decisión única en la historia de las revoluciones, entregaría el poder pacíficamente y con ello ubicaría su lucha en una nueva forma de hacer política.

La democracia no anula la lucha por los intereses de clases y sectores sociales, sino que establece reglas, normas y valores que dan marco a la lucha por esos intereses. La democracia no es sólo un determinado tejido institucional del poder, sino que es también un sistema de valores que cohesiona ese andamiaje institucional.

No se debe sembrar inseguridades que incendian la violencia
Por tanto, la democracia está ligada más a la tolerancia que a la exclusión, a la paz que a la violencia, a la voluntad y conciencia que a la imposición, a la autogestión y representación que al autoritarismo, a la ética que a la corrupción. Las últimas elecciones municipales y su estela de violencia sólo pueden ser atribuibles a la irresponsabilidad de la clase política y a la aún inmadurez de algunos medios de comunicación. La primera, es histórico su accionar e intentos de legitimarse a partir de los conflictos, tentada siempre por escalarlos a la violencia, los segundos, los medios de comunicación, porque conscientes de su influencia en la mentalidad y comportamiento de los sectores sociales, fueron generando desde mucho antes de las elecciones municipales un clima de incertidumbre, duda e insinuaciones de fraude electoral.


Lo municipal no debe usarse para confrontaciones
No pueden escapar también líderes políticos que intentaron convertir las elecciones municipales en un plebiscito frente al gobierno, sin tener los comicios municipales en absoluto ese carácter. De ahí, que lo que menos hubo fue debate, educación y participación sobre los temas municipales en el territorio.

Las elecciones municipales es una variante importante en la democracia directa, pues es en el municipio, núcleo básico de la sociedad, en donde la ciudadanía conoce, incide y decide por su propio bienestar local, en ocasiones independientemente de los signos partidarios de los líderes locales. Ahora, los dirigentes a quienes nos referimos, que por cierto coinciden en sus arengas a la violencia, sin haberla vivido nunca en carne propia, ahora tendrán que reconocer que al Frente Sandinista lo respalda, ya no solo aquel 38% con que llegó al poder, sino que cuenta con una base mucho más amplia que ahora legitima su gestión.


La credibilidad de la imparcialidad no debe arriesgarse partidariamente
Las elecciones municipales nunca han generado el interés internacional en nuestra historia y han sido elecciones con un porcentaje considerable de abstencionismo, aunque menor que en la mayoría de países de América Latina. Sin embargo, debemos reconocer que cualquier observación electoral legitima los procesos y resultados de las mismas. Pero, como decía un experto internacional refiriéndose a la observación interna, “siempre y cuando estos organismos sean imparciales”.

Esto es muy importante tomarlo en cuenta por parte de organismos como Ipade, Ética y Transparencia u organismos de derechos humanos, pues su propia legitimidad de observadores estará en dependencia de su probada imparcialidad, no en el momento electoral, sino precisamente en los interregnos entre cada acontecimiento democrático de esta naturaleza.

La violencia debe cesar de inmediato, existen canales institucionales para impugnaciones, etc., y/o señalamientos probados de irregularidades sustantivas. Tanta confrontación puede escalar la violencia hasta volverla anarquía.


Nicaragua debe retomar la meta de la reconciliación
Estamos frente a un año que la comunidad internacional ha declarado como Año Internacional de la Reconciliación a petición nuestra, a través del Estado nicaragüense; por lo tanto, es la hora de exigir del gobierno un compromiso a fondo con la reconciliación y la paz, lo cual ha venido declinando a dos años de asunción del gobierno.

El Rev. Dr. Samuel Kobia, líder mundial religioso y Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, al dirigirse al gobierno, en su reciente visita a Nicaragua, le planteó de manera enfática su respaldo personal e institucional a nuestra Iniciativa Mundial de Reconciliación, pero afirmando de que la misma no es posible como una acción únicamente del gobierno, sino que debe ser apoyada por la sociedad civil, como actor fundamental, mencionando entre ellas a las universidades.

El Ministerio de Educación tiene en sus manos una iniciativa muy hermosa e histórica el próximo año, como es una Cruzada por la Reconciliación, y se plantea para el país y humanidad como una necesidad urgente nacional. Me refiero a que todo el próximo año, todo el sistema educativo debe convertirse en el gran espacio de la reconciliación, capacitando a maestros, funcionarios, desde el nivel nacional hasta la última escuela del país.

De igual manera, la iglesia nicaragüense --católica, evangélica y otras religiones que existen en nuestro país, tales como el Islam, la judía, pero fundamentalmente la cristiana, mayoritaria en nuestro país-- tiene el mandato de Jesucristo, del Evangelio, de trabajar por la reconciliación.

Nada mejor comenzar ahora, cuando se cuenta con el respaldo de la comunidad internacional.


*Director del Instituto “Martin Luther King”. Upoli.