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Hace unos días se celebró en Bolivia la conferencia extraordinaria del G77+China. La expresión más amplia de la comunidad internacional, dado que reúne a la mayor cantidad de países del Sur. El G77, que ha venido identificando la ruta de la supervivencia colectiva política y económica en un orden global, aunque ha cambiado drásticamente en los últimos 24 años, sigue imperando.

27 jefes de Estado y 100 delegaciones más asistieron y contaron con la presencia del secretario de la ONU. La amplitud de los temas de agenda se comprende por los más de doscientos puntos relevantes acordados. Pero, sin duda alguna, apuesto que son muy pocos en el país los que le han dado el verdadero seguimiento a tal evento.

¿Ha jugado Nicaragua algún papel especial en esa reunión? ¿O tan solo somos parte de una política internacional de un grupo numeroso de Estados?

Un punto general se centró en que se procuren nuevas metas-reto, una nueva agenda de desarrollo con enfoque social, “pero en tiempos de medición de resultados más cortos” para beneficio de los pueblos, para la superación del hambre, de la miseria; que los países alcancen mayores y mejores niveles de los que se logren, tras los establecidos hasta 2015.

Junto con los países del ALBA, se ha propuesto profundizar en el ejercicio de “la soberanía sobre los recursos naturales nacionales” como lo han venido ejerciendo Venezuela, Ecuador y Bolivia, para una vida digna a sus naciones, tras la historia de lucro y saqueo por parte de las transnacionales, que está más que documentada y expresada en la miseria económica regional. Lógicamente, no todos los países miembros y sus delegaciones abordan los mismos temas y con la misma intensidad.

Por los puntos presentados en el discurso del ex ministro de Relaciones Exteriores, y asesor presidencial para asuntos internacionales, Miguel d’Escoto Brockmann, Nicaragua ha tenido una excelente participación en esta reunión. Participación que marca la diferencia en cuanto a las iniciativas de mayor incidencia estratégica global en la promoción del cambio no solo estructural sistémico, sino del modelo-mundo capitalista.

Propuestas estratégicas que impulsen la destrucción de los pilares de poder que sustentan al modelo capitalista y a sus apoderados; una nueva infraestructura financiera global, o por lo menos una para y entre aquellos que sufren de las políticas de los principales centros financieros; también de orden y de justicia internacional, que corten la arbitrariedad y el abuso de la fuerza que en los asuntos internacionales se ha impuesto por parte de Estados Unidos y su brazo armado, la OTAN, en las guerras sangrientas de los últimos veinte años.

Asimismo, la reinvención de la ONU, que ponga en jaque al imperio genocida, y eliminar la “democracia representativa” de los pocos con derecho en el Consejo de Seguridad a la verdadera “democracia participativa” de todos los Estados miembros en la ONU.

Aprovechando la presencia del secretario general de la ONU, Ban Ki–Moon, D’Escoto Brockmann fue diplomáticamente contundente al criticar el acuerdo suscrito entre la OTAN y la ONU. En resumen, Nicaragua ha venido desarrollando una labor enorme de concienciación internacional, que apunta a lograr un consenso desde esa amplia plataforma de la diplomacia multilateral como es el G77, que se ha incrementado a 133 miembros, y pueden garantizar el derecho de todos e imponer la supremacía numérica de los países en vías de desarrollo, a fin de que se logre la paz, el respeto y el desarrollo económico de las naciones. Un anhelo que hasta hoy, la ONU y sus instrumentos no han podido promover ni defender ante los agresores del planeta.