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No es la primera vez que escribo sobre futbol. La más reciente, hace un año, fue en esta página de opinión: “Arríen, nuestro futbol y mi hermano Roberto”, titulé un artículo publicado en END el 10 de abril de 2010, optando por la grafía hispanoamericana del vocablo, es decir, sin tilde en la primera sílaba. Esta forma es considerada válida por la Academia, pero da preferencia a fútbol, que es “la normal en España” —aclara Manuel Seco en la novena edición de su “Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española” (1986).

Por su lado, en la ponencia leída durante el X Congreso de la Asociación de Academias (Madrid, 1994), el escritor peruano Estuardo Núñez señalaba que la castellanización de la voz inglesa “foot-ball” admite dos grafías: futbol (aguda) y fútbol (llana o grave); y que sus coterráneos seguían la forma aguda (sin tilde), de acuerdo con la norma de otros casos como “chilling”, “pudding” y “wagon”, a través de la cual los vocablos ingleses llanos se vuelven agudos al españolizarse: chelín, pudín y vagón.

El “Diccionario panhispánico de dudas” (2005) reconoce la misma adaptación al español de “football” con dos acentuaciones, ambas válidas. Y especifica: “La forma fútbol, que conserva la acentuación llana etimológica, es de uso mayoritario en España y en la mayor parte de América. En México y el área centroamericana se usa la aguda futbol (pronunciándose futbol)”. Más aún: el “Diccionario de americanismos” (2010) —elaborado por la Asociación de Academias— registra futbol (en su forma aguda y sin tilde) utilizada en Estados Unidos (por hispanohablantes), México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia y Venezuela. Ya basta, pues, de escribir fútbol, que no corresponde a nuestra generalizada pronunciación nicaragüense, donde los extranjerismos originalmente graves, como cóctel (así se pronuncia en España), se transforman en agudos: coctel.

El ejemplo más elocuente es beisbol (pronunciamos beisból, no béisbol); de ahí que la Academia admite válidas ambas grafías, otorgando preferencia a la hispanoamericana, o sea, la nuestra, como se consigna en el citado “Diccionario de americanismos”. Numerosas veces figura la grafía beisbol al definirse vocablos como fildear, hitear, jonrón, pichada y roletazo. Al respecto, en su aprobada ponencia que llevó al XI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (San Juan, Puerto Rico, noviembre, 2002), Francisco Arellano Oviedo propuso que muchas palabras usadas en el beisbol deberían incorporarse al DRAE como americanismos.

“El pueblo con su fonética e imaginación creativa —argumentaba— ha dado nuevas palabras a la lengua española; palabras que son comunes en los países donde el beisbol es deporte principal y el Español la lengua oficial.” En artículos de la revista “Lengua” y en mi libro sobre la historia del beisbol en Nicaragua, Róger Matus Lazo y el suscrito hemos usado la grafía que nos corresponde: beisbol, pero tanto en END como en LP, lamentablemente, se han venido escribiendo béisbol y fútbol. Ya es hora, en conclusión, de suprimir el acento de la primera sílaba de ambas palabras.