Augusto Zamora R.*
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Narraba Carl Sagan, en “Cosmos”, su célebre serie de televisión de 1980 -luego hecha libro-, que había tenido “la inmensa fortuna” de que padres y maestros apoyaran su vocación de astrónomo.

Que si hubiera nacido en otra época, antes de la entonces naciente Era Espacial, no hubiera podido conocer el Cosmos como pudo conocerlo de niño, en Brooklyn.

Sagan, a quien millones debemos la afición a la Astronomía, hablaba como lo que era: un niño urbano de clase media del país más rico y desarrollado del mundo que, además, competía con la Unión Soviética por ‘conquistar’ el Espacio.

Si Sagan hubiera nacido en Estelí (o Mumbai, Lusaka, Quito), no habría tenido padres ni maestros que le apoyaran. Habría sido, con mucho, abogado, veterinario o finquero.

Nacer en un país u otro determina más nuestras vidas que la posición social o riqueza.

Ni dinero ni posición social influyen tanto como el nivel educativo-cultural existente en un hogar, escuela y país. Sagan pudo ser astrónomo porque sus padres y maestros entendían de Ciencia y EE.UU invertía cantidades ingentes en ella.

En un país atrasado no habría encontrado ni apoyo, ni libros. Pocos buscan la excelencia académica porque pocos entienden de ella. Quien desee alcanzarla suele verse obligado a emigrar. ¿Qué futuro tendría un astrónomo, un paleontólogo en Nicaragua?

Es problema consustancial al subdesarrollo. Para superarlo hace falta perentoriamente gente preparada, pero esta es expulsada sistemáticamente. El subdesarrollo se perpetúa a sí mismo.

az.sinveniracuento@gmail.com