Jorge Eduardo Arellano
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Hace un par de años perdí el interés en la política nicaragüense. En verdad me cansé de estar lamentándome a diario del corrupto Arnoldo Alemán y sus raterías, del trastornado Daniel Ortega y sus constantes asonadas para desestabilizar el país, y del inepto Enrique Bolaños y sus incompetentes operadores políticos.

Las mesas de tragos con los amigos, las noticias, las conversaciones con los colegas de trabajo y hasta las reuniones familiares giraban siempre en torno a los mismos temas y los mismos actores. Pero lo más frustrante era que tanta queja no lograba traducirse en nada y las cosas seguían igual.

Aunque las cosas en Nicaragua no han cambiado mucho desde entonces, el bochornoso proceso electoral municipal y el descarado intento del Consejo Supremo Electoral de manipular y alterar los resultados del mismo, especialmente en Managua, me han obligado a abandonar la indiferencia política en la que me encontraba. Esta situación refleja el grado de descomposición al que ha llegado nuestra institucionalidad, si es que todavía queda algo de ella; pero también evidencia que desafortunadamente los cambios que los nicaragüenses deseamos no ocurrirán de manera pacífica ni provendrán de las urnas, sino que se forjarán en las calles. Hay que ser muy ingenuos para creer todavía que el actual gobierno está dispuesto a ceder el poder local y central por las buenas, es decir, como consecuencia natural de sufragios libres y transparentes. La lección ya la aprendieron en 1990 y no están dispuestos a volverla a tomar. Por favor, nicaragüenses, ¡despierten ya! Las cosas no van a cambiar con cadenas de mensajes electrónicos o denuncias virtuales por facebook.

El fraude electoral que intenta realizar el FSLN a través del Consejo Supremo Electoral debe ser motivo suficiente para unir de una vez por todas a las diferentes fuerzas políticas, económicas, sociales y religiosas que anhelan la democracia para Nicaragua, ya que después de un robo semejante habrá pocas opciones para impedir la consolidación de una dictadura. Es hora de dejar al lado los egos personales, los protagonismos institucionales, los intereses sectoriales y, principalmente, la cobardía.

¿Dónde están en estos momentos cruciales los organismos nacionales que trabajan por la democracia, los derechos humanos y la transparencia? ¿Dónde está Fundemos, Hagamos Democracia, Ética y Transparencia, el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), Ipade, el Movimiento por Nicaragua, la Coordinadora Civil, el Cenidh, entre otros? Acaso creen que en el contexto actual al gobierno y al pueblo le interesan sus reportes e investigaciones. Llegó el momento de que formen una coalición, hablen con una sola voz y dejen de esconderse tras los escritorios. Es tiempo de hablar menos y luchar en verdad por la democracia.

La empresa privada debe dejar de jugar al tonto útil y cerrar filas con la mayoría de la población. En ese sentido, es importante que permitan a sus trabajadores salir a defender su voto, pero no a cuenta de vacaciones. ¿Acaso no sería una buena medida de presión para el gobierno paralizar un par de días la actividad económica del país? Seguro las pérdidas serán cuantiosas, pero creo que la democracia indudablemente vale eso y mucho más. Es hora de que dejen de pensar sólo en su beneficio, sacrifiquen sus bolsillos y demuestren al pueblo cuánto están dispuestos a invertir en Nicaragua.

No menos grado de compromiso se espera de la comunidad internacional, en particular de los países y organizaciones que durante años han gastado miles de millones de dólares en el fortalecimiento de nuestra democracia e institucionalidad. Es tiempo que la Unión Europea, Estados Unidos, Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, pongan un alto a las arbitrariedades de este gobierno y cierren la llave de la cooperación hasta que en verdad imperen en Nicaragua los principios y valores que ellos mismos nos exigen preservar. ¿O acaso es mejor continuar mirando hacia otro lado con tal de proteger y justificar la burocracia que mantienen? De ser así, por favor, dejen de pedirle a los nicaragüenses que nos inmolemos por algo en que ustedes no creen o que no les interesa defender.

Hay que tener claro que sólo el actuar conjunto y concertado de todos los actores nacionales y extranjeros interesados en hacer prevalecer la democracia en Nicaragua, puede contener las pretensiones del FSLN de revertir descaradamente la voluntad popular.

Es momento de definir si nos rendimos ante el abuso y la ilegalidad, o si tenemos el valor de expresarnos abierta y masivamente en contra. No hay tiempo ni espacio para los indecisos. En caso contrario, seguiremos lamentándonos por muchos años más en las mesas de tragos, las reuniones sociales y familiares, los periódicos y las radios, o bien nos volveremos indiferentes para siempre.