Jorge Eduardo Arellano
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“Ojo a la situaciones inesperadas. En ellas se encierran, a veces, las grandes oportunidades”

(Pulitzer).


“Para cambiar es necesario saber; para saber hay que aprender; y para aprender hay que hacer grandes sacrificios”

(Samuel Aun Weor).


Víctor Ayala G.

Dos guerras han pasado en casi 50 años en Nicaragua. Más de 100 mil muertos quedaron enterrados y tal parece que su sangre ha sido en vano. Hermanos con hermanos se mataban, padres con hijos se abatieron en el conflicto más grande de nuestra historia, y aún no hemos aprendido.

Se luchó por la libertad y se logró dos veces, una en 1979 y la otra en 1990. Pero, de nada sirve un país libre cuando lo que se conquista es un sistema imperfecto. Como de nada sirve tampoco un sistema perfecto, cuando el ciudadano no goza de libertad.

Es cruel leer, ver y escuchar en los medios de comunicación que en pleno siglo XXI y después de 18 años de aparentemente convivir en paz, la sangre de ciudadanos inocentes continúa corriendo y todo porque piensan que están defendiendo esa libertad en medio de un modelo de superestructura social, política y económica imperfecto. Porque han creído que la libertad vale más que el sistema mismo, o porque desean conquistar el sistema para poder cambiarlo.

Después de casi 10 elecciones presidenciales, regionales y municipales desde 1990; las condiciones políticas creadas en torno a un sistema electoral, aún es imperfecto y causante de tantas desgracias, todo por estar acomodado a las condicionalidades políticas de quienes manejaron el poder en cada turno.

Un país en donde no hay ni siquiera cuatro millones de habitantes que acuden a las urnas electorales, se les hace imposible llevar una correcta estadística de todo el proceso.

En Nicaragua hay casi 4 millones de ciudadanos registrados en el padrón electoral aptos para votar. Pero los dos grandes partidos absorben el 94.34% (48.24% sandinistas y 46.10% liberales) de los que fueron a votar de un total de 1,795,286 ciudadanos contados hasta el mediodía de este 12 de noviembre, demostrando un alto grado de abstencionismo.

Es decir, por esos dos partidos votaron 1,693,694 ciudadanos y tan sólo 101,592 lo hicieron por tres partidos medianamente importantes, porque a otros dos representativos no los dejaron correr en las presente elecciones municipales alegando prohibiciones establecidas en el sistema electoral (imperfecto).

Los datos anteriores corresponden a 10,450 de 11,808 (88%) Juntas Receptoras de Votos escrutadas, actualizadas a la 1:30 minutos de la tarde del 12 de noviembre de 2008.

Pero se supone que en el “padrón electoral definitivo actualizado al 10 de septiembre de 2008”, según el Consejo Supremo Electoral (CSE), están inscritos un total de 3,863,387 ciudadanos aptos para votar.

Si le anexamos ese 12% que hace falta por contar (unos 244 mil ciudadanos), arroja un total de 2,040,097 nicaragüenses que efectivamente fueron a votar. ¿Y los 1,823,289 ciudadanos restantes? Eso representa más del 47%, aproximadamente, que no acudieron a las urnas a emitir su voto (ya deducidos los ciudadanos de los municipios de la Región Autónoma del Atlántico Norte). ¿Por qué? La respuesta está en la imperfección del sistema. La gente mejor no votó porque desconfía que su voto sea utilizado o desechado como efectivamente se está viendo en estas elecciones donde boletas aparecen en el basurero más grande de Managua, La Chureca.

Ese 47% de ciudadanos que no fueron a votar está buscando nuevas alternativas que le den solución al país. Están esperando de un nuevo liderazgo que dé confianza y se comprometa a darle cambio radical a la actual estructura montada sobre una base de un bipartidismos político de 20 años iniciado en 2003, denominado “pacto” o “acuerdo de gobernabilidad”, firmado entre los dos partidos políticos que se cambian el poder cada cierto tiempo.


vayala@ibw.com.ni
Chicago, Illinois, EU, noviembre 12 de 2008.